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Hace meses que el Lago de Pushkar está vacío. Creo que hay que añadirlo a la categoría de misterios.

Misterio resuelto. El tráfico caótico de Delhi tiene cifras de accidentalidad. Si bien es cierto que para el caos que hay en la ciudad, parece haber pocos accidentes y menos heridos o muertos, resulta que cada día mueren en la ciudad una media de 7 personas en accidente de tráfico. Para hacernos una idea, en 2009 morirán smás de 2500 personas en las calles de Delhi, lo que supone más del total de decesos en España en el año 2008.

http://epaper.hindustantimes.com/ArticleImageEx.aspx?article=01_08_2009_001_003_001&type=2&mode=1

Me entristece ver que cada vez son menos las oportunidades de entretenimiento que tenemos los pasajeros habituales del autobús de Delhi. Años ha, era muy común que en los semáforos más largos o en los atascos más habituales, varios vendedores ambulantes se subieran a los vehículos abarrotados y vendieras sus mercancías con mayor o menos gracia a los pasajeros apretujados. Los productos más populares eran los mapas de Delhi y los bolígrafos que se podían incluso probar en un papelito. Con todo, se podía adquirir el periódico, un coco, frutos secos, agua y muchos otros productos para hacer más llevadero el viaje o simplemente la vida entera.

Recuerdo con mucho cariño dos escenas de esta teletienda ambulante que me dejaron asombrado. El primero fue una especie de pastilla de jabón que se ponía en agua y se convertía en una toalla. Comentando con algunas personas, parece que no es una gran invención india, sino que existe en otros lugares. Tampoco comprendí mucho la argumentación del vendedor, por mi pobre comprensión del hindi, pero me pareció que ponía mucha pasión en promover la adquisición de tal producto, particularmente útil bajo el calor sofocante de Delhi. El otro, mucho más impresionante era el miniexprimidor portátil de naranjas. Este invento era una especie de cuña que se clavaba en la parte del culo de la naranja a la que se le infrigían unos cuantos golpes para estrujarla con la cuña boca arriba. Cuando se giraba la fruta por el tubito salía el jugo de la naranja. El vendedor se echaba tanta maña que al abrir la naranja no había quedado apenas pulpa y tenía medio vaso de zumo de naranja que un pasajero asombrado se bebió con una evidente cara de satisfacción. Pero, como muchos de sus compañeros de profesión, ya sea en los autobuses de Delhi on la televisión de Estados Unidos, tenía una última sorpresa. Retaba a otro pasajero a hacer lo mismo con los limoncitos que se toman aquí. Evidentemente la cuña era demasiado grande y era imposible clavarla en la fruta. Entonces anunciaba triumfal que con la adquisición del exprimidor portátil de naranjas, nos regalaban el miniexprimidor portátil de limones que era una cuña minúscula que hacía exactamente la misma función. El pasaje estupefacto y casi hipnotizado compró sin rechistar el paquete promocional por un precio miserable de 20 o 30 rupias, creo recordar. Lo malo es que no fui suficientemente hábil como para adquirirlo para goce de mis futuras generaciones.

Pues bien, estos espectáculos que uno debe imaginarse sobre un autobús avanzando a toda velocidad por la ciudad, serpenteando obstáculos, o parado en un gran atasco, con miles de cláxones sonando a la vez, mientras la temperatura sube sin cesar y los goterones de sudor resbalan por la espalda, este espectáculo increible, se está perdiendo. Cada vez hay menos zonas donde uno pueda asistir a una buena función de un buen vendedor ambulante y sólo en la zona de Old Delhi entre Delhi Gate y Kashmiri Gate y en algunos autobuses que van hacia el este he vuelto a ver escenas similares. Tal vez haya autobuses más modernos, pero se están perdiendo las esencias, las tradiciones. Estas pequeñas obras de arte de la retórica también merecen protección como patrimonio histórico.

exprimidor

P.S. He vuelto a encontrar al hombre del exprimidor… el artilugio ya es mío!

Desde que sufrimos este calor sofocante, me he fijado en que mucha gente se dedica a morder un trozo de tela, supongo que para apaciguar la sensación de horno genelarizada. Este detalle es apreciable sobretodo en los conductores de cicle rickshaw, aunque no está exento en otros viandantes. Los cicles acostumbran a chupar un pañuelo de algodón puesto alrededor de la cabeza, a la altura de la frente, como para frenar el sudor. El resto, más bien, aprovechan un saliente del turbante para meterselo entre los dientes. Que nadie me malinterprete, los sikhs no se dejan un mechon de turbante suelto, para juguetear con sus dientes. Son más bien los musulmanes. A este misterio, todavía no le he encontrado ninguna respuesta lógica.

Hay momentos en que el sopor del verano de Delhi y la espera en una estación de tren totalmente abarrotada de pasajeros y parcialmente abarrotada de mosquitos, lleva los devaneos del pensamiento hacia lugares insospechados. Allí estaba yo, en New Delhi Railway Station, sentado en el andén dos, cuando de repente se me ocurrió una idea escalofriante. Se está demostrando que en la modo todo vuelve. Pero, ¿hay alguna posibilidad real de que vuelva el tactel? Y desde allí, pues a miles de cuestiones laterales como, quién lo inventó, cuanto petróleo se malgastó en fabricar aquellas telas brillantes y totalmente antitranspirantes, porque los colores eran mayoritariamente chillones y porque mi madre me los compraba… pero sobretodo, ¿por qué alguien en la India con aquel calor insufrible, había decidido sacarlo de lo más profundo de su armario?

Y si ya de por sí este pensamiento profundo era escalofriante, se convirtió en perverso cuando me di cuenta que ya lo había tenido antes… Creo que entonces debería considerarse trauma infantil.

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