Archives for category: Viajar SLOW

Uno de nuestros últimos descubrimientos. Rawla Narlai és un boutique hotel en el corazón de Rajastán. Vida rural y un ambiente de lujo en el mismo espacio. La calidad del servicio y el cuidado en cada pequeño detalle convierte la estancia en este hotelito en una verdadera iniciación al dolce far niente.  Una parada perfecto en medio de un viaje intenso: unos días de descanso, disfrutando de la piscina, de la excelente gastronomía y del desayuno horneado en casa, los excelentes masajes ayurvédicos… Un paraíso para los que buscan bienestar, no menos que para los que necesitan una experiencia real, alejada del bullicio del turismo de masas. Vida rural en estado puro. Narlai, dominado por una redondeada mole rocosa, vive ajena al tránsito de viajeros. Ni tiendas, ni guías, ni turistas. El sonido de los templos llamando a la oración, las risas de los niños jugueteando por la calle o el silencio de la noche bajo el impoluto cielo estrellado son algunos de los regalos que nos hemos llevado de Narlai.

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¿Te apetece dedicar estas vacaciones a un proyecto soldario? AIPC Pandora organiza desde hace 4 años, vacaciones solidarias a 12 paises, participando en microproyectos de cooperación.  Guatemala, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay, Marruecos, Malí, Sudáfrica, Tanzania, Kenia, India y Palestina son los destinos a elegir. Más de 200 personas voluntarias viajarán este verano con un/a coordinador/a para llevar a cabo proyectos en temáticas como Educación Especial, Educación para el Desarrollo, Ocio y Tiempo libre, Empoderamiento de mujeres, Gestión cultural y Desarrollo comunitario.

En su página web puedes descargar el programa completo de cada uno de los proyectos las actividades, fechas y costes. Personalmente, recomiendo el proyecto de Mali, coordinado por una buena amiga que os lo pondrá fácil antes y durante el viaje.

Microproyectos de Cooperacion al Desarrollo 2012 – AIPC Pandora

¿Cuántas veces oímos a alguien comentar que quiere conocer la India de verdad? La India no es más verdad porque veamos lugares más pobres, o más espirituales, o más pintorescos. De hecho, la magia de la India es que contiene desde centros comerciales de gran lujo, a  centros de peregrinación milenarios, aldeas remotas donde se labra la tierra con piedras apuntadas y ciudades punteras por su desarrollo tecnológico. La India es una continua paradoja fascinante que no puede ser etiquetada, en ningún caso, como la India auténtica. Con esta filosofía bien aprendida, Setem vuelve a organizar su viaje solidario por el norte del país. Una ruta de 17 días que permite conocer proyectos de desarrollo locales en zonas rurales y el trabajo de ONGs urbanas. Nos lleva a conocer a niños de la calle en la estación de Nueva Delhi, mientras que por la tarde nos introduce en alguno de los barrios de moda de la ciudad.  Permite compartir algunas horas con aldeanos rajastaníes y visitar lugares santos como el lago de Pushkar, a la par que se conocen los principales atractivos turísticos de Delhi, Agra y Jaipur. Una buena introducción a la diversidad cultural y social de la India del norte.

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Somebody told somebody that I might be interested. That’s how, a typical Taipei raining morning, I met Zahira. The gathering of hundreds of cycle riders in a south park of the capital, cheered up by a big crowd of volunteers and the presence of Mr. Ma, the President of Taiwan, doesn’t seem the perfect atmosphere to find an enthusiast of organic tea. But, my will was leaving the city and drive the island in search of tea plantations, taste the brewing and knew how Taiwanese relate to one of their finest products and Zahira’s contact was now in my pocket.

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Hualien, Luye and Tainan passed by. And it was the time for a real Sun Moon Lake experience. The geography of this part of Nantou county is mesmerizing. Even though the touristy activities, who can say that Sun Moon lake isn’t a landmark, a place for connection with nature and oneself. I settled down and walked the shore while groups of tourists rush up to do all what they had in their program for the day. As per my schedule, my only rule was finding time for a good tea. At first sight, that place was not the best spot for tasty food and delicate tea, so I ended up sitting in a Ten Ren shop, a branch of a famous tea company, not bad at all, but not as unique as I was looking for. I should meet Zahira in the shop they had nearby the lake; she inspired me energy and a project filled with illusion. Maybe she was what I was searching.

It was not easy to find the tea shop nearby the road, probably because of my lack of understanding. And I must confess that when I found it, it kindly of disappointed me. You know those tinny road side business that in Spain sell just low quality products for tourists. So, I expected to find in the Tea Shop of Lohas, being skeptical is in my genes, I guess. But as soon as I entered, the smooth Spanish guitar made me feel a bit at home. Money, in charge of the tea, and Zahira started to explain me about their project and their lives. 7 people were at the moment involved in a project of organic agriculture that not only target the tea plantations, but a whole way of living according to community based understanding, with meditation as part of the daily routine and an excellent distribution of tasks in the plantations, shops and promotion of their products. Amazing women and men from places as far as Kuala Lumpur, as Money, changed their lives in such a manner that could be an inspiration for many of the lost souls that these days roam in the postmodernity. Actually, it was a pleasure to listen to them. Their knowledge about the soil, the terroir that we say when talking about wines, their poetical way to name each and every harvest of those tea trees that were not watered to provide the real taste of the year over the plants. That was a sincere Lohas (acronym for the words Lifestyles of Health and Sustainability).

Money explained each variety with a sense of pause and slowly unveiled the meaning of the leaves. I got impressed by shaking (zen han) a winter oolong tea that was named after the earthquake, 4 springs was a variety that could be plucked 4 times a year, but my favorite was a black tea with a subtle natural scent of rose, rose red. They told me about their tea meditation activities where they work with youth to teach how through a cup of tea one can dive into himself, starting by the senses and ending up in a real search for the inner silence. And from that we jumped into the wu shi, one of the most fantastic stories about tea I heart in Taiwan. This tea is a green variety that a Taoist master selects every year in a very few plantations to be plugged exactly the summer solstice. They were lucky enough to get into the perfect moment of ripening some part of their plantation in the solstice of 2007. That is not something they wanted to do, but it happened to be there. According to the Taoist tradition, this tea is charged with yang, who has the power to calm down the yin, so it is good for those moody people, unlucky or not healthy ones. Their uniqueness to balance the spiritual energies of the Taiwanese believers make it quite costly (70€ for150 grams). I got totally trapped by the story of a tea that besides all its good properties also could provide you the balance.

In the Tea Shop of Lohas, not a single tea was unpleasant, and it was really difficult to say how much time I spent there tasting. The night overtook us and we prepared some simple, yet yummy, noodles. When I walked back to my scooter, parked in the garden, I kept thinking in their inspirational approach to life, in their courage for changing and how it was imprinted in their products. As if I were in a dream, everything could have evaporated as soon as I start the engine, but I am sure they are still working on it, in a permanent search for a balanced be in the world.  And that was their gift to me: reflection and balance.

More information (in Chinese): http://www.howmean-tea.com/

Cruzado por la calle Lazimpat y con aceras francamente irregulares, el barrio de las embajadas de Kathmandú está bastante alejado del concepto de exclusividad que podría emanar. En realidad Lazimpat es una parte integrante del corazón de la ciudad, accesible desde los centros turísticos de Thamel y Durbar Square. Sin embargo, es un oasis de paz, que tanto cubre las necesidades de la comunidad expatriada, como seduce a los viajeros en busca de algo más y a algún que otro visitante despistado.

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Tings Lounge Hotel es el lugar para quedarse. Una pequeña casa con habitaciones básicas pero decoradas con gusto, comida orgánica y un ambiente acogedor para todos los gustos. Chimenea para el invierno, terracita para el verano, menús simples con productos excelentes a precios razonables, una selecta variedad de tés y un servicio amable y atento. ¿Qué más se puede pedir por unos pocos dólares? Un verdadero descubrimiento, que hay que reservar con mucha antelación para difrutar su hospitalidad en pensión completa. Así que si aterrizáis en Kathmandú de sopetón, resignaos y no dejéis pasar a merendar.

Pero para sentirlo como nuestro barrio, Lazimpat nos ofrece unos escelentes spa, otras interesantes opciones de restauración como el restaurante típico nepalí Nepali Chulo con su algo sobrevalorado menú de 11 platillos tradicionales (excluyendo la tapa de palomitas de maíz), en un antiguo palacio con mucho encanto. Personalmente, prefiero la terraza y dejar de lado los espectáculos nepalíes algo fuera de lugar, no tanto por los actores, como por algún que otro grupo de extranjeros alcoholizados. También en la calle principal, la excelente tienda de artesanía con consciencia Mahaguthi expone una variada selección de productos de comercio justo. Un poco más allá la tienda de té Himalayan Tea Corner es el lugar perfecto para sentarnos a pasar la tarde a hablar con sus dependientes y aprender, probar y comprar diferentes infusiones y mieles directamente de las plantaciones de Ilam en el este de Nepal (obligatorio degustar los tés blancos, especialmente los conocidos como agujas de plata y agujas de oro).

Cuando conocimos a la señora Nian, llovía intensamente frente al aparcamiento de la tienda de te en la carretera entre Yuli y Rueisuei. Hace algunos años, la familia Nian, en una pequeña localidad del este de Taiwán, decidió convertir el negocio de té oolong en una plantación orgánica animados por las ayudas gubernamentales y la preocupación de los taiwaneses por la excelencia agroalimentaria. La nueva forma de trabajar implicó fundamentalmente la eliminación de pesticidas en las plantaciones. Pero tras eliminarlos, toda la región de Wuhe empezó a sufrir una plaga de pequeños saltamontes que se alimentaban de los brotes jóvenes de los árboles del te. Los insectos devoraban las mejores hojas y, en cambio, dejaban intactas las hojas maduras. Lo que podría haber supuesto el final de la plantación familiar, se convirtió en un revulsivo cuando la señora Nian inició la recolecta de las hojas y tras una breve fermentación hizo las pruebas de cata con diversas muestras. Los excrementos de la plaga se habían oxidado sobre las hojas maduras que habían adquirido un borde rojizo característico incluso antes de la recolecta y al infusionarlas dotaban al te de un color miel y un sabor dulce muy sutil. La familia Nian lo presentó al concurso de productores locales en 2006 y arrasó en los premios. Desde entonces, los productores de Wuhe han encontrado una nueva variedad excelente en infusión con agua a 85º. 40 segundos son suficientes para obtener un suave te negro con un matiz dulce que se refuerza al infusionar te helado (entre 3 y 4 horas directamente con agua fría). Las plantaciones continuan produciendo variedades oolong típicas de Taiwán, pero Wuhe ha internacionalizado sus productos con este particular te, marcado por el sello orgánico. La señora Nian nos sirve un poco más de te mientras muestar orgullosa una una rama llena de insectos para que observemos el trajín de una plaga que ha cambiado la vida de los productores de Wuhe.

Alguien le dijo a alguien que me podía interesar. Así, una típica mañana lluviosa de Taipei, conocí a Zahira. Una reunión de cientos de ciclistas en un parque del sur de la capital, alentados por una multitud de voluntarios y con la presencia del Presidente Ma, no parece el lugar ideal para encontrar una entusiasta del te orgánico. Pero, en mi voluntad por dejar la ciudad y recorrer la isla n busca de plantaciones de te, degustar infusiones y conocer como los taiwaneses se relacionan con uno de sus productos más delicados, el número de Zahira cobraba todo el sentido en mi bolsillo.

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Pasaron Hualien, Luye y Tainan. Por fin, era el momento de una verdadera experiencia en el Lago del Sol yla Luna. Lageografía de esta parte del condado de Nantou es hechizante. A pesar de los grupos de turistas, quién se atrevería a negar que el lago del Sol yla Lunaes un verdadero hito, un lugar de conexión con el cosmos y con uno mismo. Me establecí en el Teacher’s Hostel y pasee por la orilla mientras los turistas en grupos corrían de aquí para allá para cumplir con el programa del día. Según mi itinerario, la única norma era disfrutar de un buen te. A primera vista, sin embargo, no parecía el mejor lugar para encontrar buena comida y tes delicados, así que me aposenté en una sucursal de Ten Ren, una famosa empresa de tes comerciales que, a pesar de tener buena calidad, no era lo exclusivo que yo esperaba encontrar. Debía encontrar a Zahira en la tienda que tenían cerca del lago; ella me inspiró energía positiva y un proyecto lleno de ilusión. Tal vez fuera lo que estaba buscando.

No fue sencillo encontrar el puesto, literalmente en un arcén de la carretera. Debo confesar que no entendí bien las indicaciones que eran muy claras. Cuando llegué, una cierta sensación de decepción me invadió. Parecía uno de esos puestos que en muchos países venden productos típicos de escasa calidad a los turistas. Con todo, al entrar, la suave guitarra española que sonaba me dio la bienvenida a casa. Money, encargada de la infusión del te, y Zahira empezaron a contarme sus vidas y su implicación en el proyecto. Siete personas conformaban el equipo, por no decir familia, que había levantado no sólo el proyecto de arquitectura ecológica, sino una verdadera forma de vivir en comunidad que incluye la meditación entre las diversas tareas de la rutina diaria. Mujeres y hombres increíbles que habían abandonado sus ciudades natales, sus trabajos o sus estudios universitarios, probablemente para muchos unos locos, para otros un paso adelante que puede inspirar a muchos que no encuentran su lugar en el mundo postmoderno. Era un placer escucharlas: su conocimiento sobre el terroir, como si de un vino se tratara, la poesía con que elegían los nombres para cada variedad y cosecha de unos arbustos del te que crecían sin más agua que la lluvia natural para aportar el sabor real del año. Sinceramente, un lugar Lohas (el acrónimo para Modo de Vida Saludable y Sostenible en inglés).

Money me explicó cada variedad de forma pausada, desvelando el significado de las hojas. Me impresionaros el temblor (zen han), un oolong de invierno que tomó el nombre por un terremoto, el 4 primaveras era una variedad que se recogía 4 veces al año, pero mi favorito fue, excepcionalmente, un té negro con una sutil fragancia natural a rosa, el rosa roja. Aunque, lo que más me impresionó fue su aproximación espiritual al mundo del té. Realizan actividades de meditación donde se trabaja con jóvenes para que aprendan a adentrarse en si mismos a través de la experiencia de degustar el te. Y de ahí saltamos a un té muy especial, el wu shi, una de las historias más fantásticas que escuché en Taiwán sobre el té. Estas hojas son una variedad de te verde que un maestro taoista elije cada año en unas pocas plantaciones para ser recogido en el momento exacto del solsticio de verano. Ellas fueron tan afortunadas de obtener el punto de maduración perfecto para la cosecha en 2007, por supuesto, sin pretenderlo. “No es algo que una busqué, sólo pasa” me dijo Money. Según la tradición taoista, este té está cargado con yang que es capaz de calmar el yin, por lo que está indicado para personas con cambios de humor, con mala suerte o con mala salud. Su escasez, exclusividad y capacidad única para equilibrar el espíritu hace que los taiwaneses lo valoren muchísimo (70€ por150 gramos). Debo confesar que me atrapó la historia del té del equilibrio.

Enla Tea Shopof Lohas, ni un solo té me desagradó y es difícil decir cuantas horas pasaron. Al llegar la noche, unos deliciosos fideos me permitieron alargar un poco más la experiencia. Cuando caminaba hacia mi moto aparcada en el jardín, pensé en el coraje de todos ellos, la valentía de cambiar lo “normal” por una forma de vivir acorde con su sentir, su inspiradora aproximación a la vida y como se imprimía en sus productos. Y como si fuera un sueño, todo podría haberse evaporado al encender el motor, pero creo que todavía seguirán trabajando por un mundo mejor. Del lago del Sol yla Luname llevé un buen regalo: un poco de reflexión y una dosis de equilibrio.

Más información (en chino): http://www.howmean-tea.com/

En los próximos días, cerramos Delhicatessen por vacaciones. Vacaciones dentro de las vacaciones, metavacaciones, llamadlo como queráis. Cada año la Youth Comission de Taiwan organiza un concurso de ideas de viajes temáticos. Mi propuesta de un viaje en ciclomotor alrededor de la isla para descubrir plantaciones de te, turismo ecológico, proyectos de cooperación relacionados con el te, pero también restaurantes temáticos del te, salones tradicionales donde disfrutarlo y spas con terapias de teína rejuvenecedoras han merecido uno de estos premios. Me voy tres semanas a esta isla que descubrí en 2007 y que robó mi corazón, no en vano su publicidad fue durante años “Taiwan. Touch your heart”.

Seguiremos actualizando Delhicatessen con ideas de viaje SLOW, pero durante estos días si queréis leerme, el lugar es el blog Sea Tea Tour, en inglés, dedicado a la ruta temática por Taiwán.

¿Nos vemos a la vuelta? Y si estáis pensando en las vacaciones de verano, recordad que Tailandia SLOW todavía tiene plazas disponibles.

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Parecía una ciudad alicaída, sin apenas vida. Los templos esparcidos por la isla de Ayuthaya sufrían las inclemencias del sol justiciero. Apenas los amarillos que cubrían los budhas se permitían el lujo de brillar cuando topamos con el Museo del Millón de Juguetes . La entrada, un jardín de pequeñas piedras de río, cantos que recuerdan jardines de la infancia, el sonido inolvidable de las piedras juguetonas bajo los pies que involuntarios ejecutan un paso de twist. Unas abuelitas encantadoras regentan el restaurante donde sirven un poco de todo lo que hay que probar en un almuerzo rápido thailandés. Me decanto por el Pad ka-prao mou, cerdo picado frito con chiles y albahaca. Nos despiden las ancianas a modo de cuento de caperucita y vamos hacia la casa, donde yace aparacado un VW Beattle conducido por conejos de peluche.

La casa tradicional que alberga el museo tiene todos los ventanales abiertos y la brisa recorre los pasillos llenos de estanterías con mil y una figuras de los dibujos de la infancia. Arale, Ultraman, Pokoyo… Cada cual encuentra el referente que le traslade a los rincones de la memoria infantil, los años sin sabiduría, sin madurez, sin preocupaciones,  sin futuro. Muñecas diabólicas, antiguos artilugios de diversos oficios, una nave espacial que observa al Ganesha dorado de la entrada. Todo está arremolinado, apilado en los estantes, incluso a veces repetido. ¿Un millón de objetos? Probablemente sí. Un paseo que sin duda equilibra los ratos bajo el sol, entre las ruinas, los vestigios de un pasado que podemos rememorar, una parada perfecta para eludir las horas de calor.

Y finalmente, la tienda. Porque como todo museo que se precie tiene una tienda. Sin embargo, como todo en este espacio de magia, hay algo de hilaridad. Los productos diseñados por Krick, tienen unos precios demasiado razonables. Tarjetas postales, libros infantiles, tazas con la imaginería de este ilustrador que nos da  la bienvenida desde una esquina, amable, sonriente y, sin embargo, taimado. Nada invita al consumismo, todo invita a la ilusión. Si el mundo fuera así, si las vacaciones sólo fueran así…

Acaban de limpiar su casa y varias mujeres en Kumbakonam se disponen a diseñar un nuevo rangoli. Con un habilidad y precisión inusitadas, deslizan el polvo blanco por el hueco de un puño cerrado y, sin titubear, zigzaguean y puntúan iconos imposibles.

El arte del rangoli, dibujos de polvo o pétalos de flores  sobre el suelo, se extiende por toda la India rodeados de leyendas, mitos y simbologías religiosas. En esta población de Tamil Nadu, las mujeres de un barrio dedicado al hilado y tejido de la seda creaban simples patrones monocromos. A veces, complejas composiciones que recuerdan a mandalas tibetanos; sin duda, una elegante forma de dar la bienvenida.

En la región de Chetinaddu hay algo más que mansiones señoriales. En los márgenes de la carretera familias enteras se dedican al tostado del anacardo y lo venden a los pasantes, que son pocos, por estas tierras remotas. La escena comprende a tres generaciones de pieles acartonadas teñidas por el hollín que, impasibles, continúan con su tarea como en una cadena de montaje. No creo que esos anacardos vayan muy lejos, o sea, que las posibilidades de que se exporten son pocas, pero sé que algún día, comiendo anacardos por las calles de Barcelona, recordaré, cual madalena de Proust, ese instante por carreteras secundarias de Tamil Nadu.

Altavoces envejecidos juegan al tenis con la piedra, los mantras son la bola que va y viene como las olas en la playa cercana. Tamil Nadu y su tradición hindú contada en relieves que se extienden desde Chennai a Kanyakumari, de piedra clásica, incolora, o de chillones policromados, templos vivos abandonados al horror vacui, a la loca iconografía de los mitos y las épicas. Shiva y Parvati, Vishnu y Lakshmi, Ganesh y su hermano Murugan, en el sur; de vacaciones.

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