Archives for category: Minucias

Ayer, recuperé una de aquellas sensaciones que catalogo como minucias. Pasó en un instante. Ibamos conduciendo por una de las arterias principales de Delhi. Digo íbamos, pero en realidad conducía el autorickshaw-wala. El tráfico era denso y por la derecha un todo terreno urbano, de estos que se ven cada vez más a menudo en España, un coche enorme, excesivo para la ciudad, nos pasó a tocar. Lo conducía una mujer con enormes gafas de sol y criaturas en el asiento de atrás. Algo parecido a una escena de salida de colegio en Barcelona a las cinco de la tarde. El conductor del autorickshaw la miró y le gritó algo del tipo, mujer tenías que ser. Pero, ahí va la grandeza, en lugar de usar un tono despectivo y alguno insulto adyacente, le dijo memsahib aram se. Memsahib es una palabra para tratar con respeto a una mujer, algo que suene a corte mogol, algó así como un señora con algo más de caché. Lo dijo como una queja, pero también como una súplica  y a la vez con resignación. Y a mi, me pareció digno de ser contado en este blog.

A veces, la Incredible India se combina con el surrealismo hispano y da como resultado un cocktail inimaginable. Si hay algo que nadie podría haber concebido es una visita de Alaska a Delhi. Pero ha sucedido y desde la perplejidad, seguiremos informando.

Holi es una de las celebraciones más vistosas de la India. Commemora la muerte de la diablesa Holika que se lanzó al fuego con el joven Prahlad, un gran devoto de Vishnu quien le había dado un manto para protegerlo. Así el festival tiene dos días grandes. En Chotti Holi, se montan hogueras de heces de búfalo sobre las que se coloca a Holika y se prenden por la noche. A la mañana siguiente, el día de Dhulendi la gente se lanza polvo de colores y aguas tintadas, con más o menos saña. Las calles están bastante desiertas en Delhi. Es estraña la mezcla de inocencia que tienen manchas de colores por doquier y el aspecto fantasmagórico de las grandes avenidas de la ciudad.

En los lugares santos de Mathura y Vrindavan, en cambio, el Holi dura dos semanas y cada día un templo diferente celebra su festival particular. Caminando por Vrindavan, los niños nos asaltaban bastante inocentes y algunas mujeres se acercaban alegres a desearnos feliz holi con color en sus manos. En el templo del nacimiento de Krishna, en Mathura, un hombre totalmente fúcsia atacaba a los devotos desde el tejado, mientras la multitud tintada paseaba por el templo impoluto. No hay pruebas, pues las cámaras estaban prohibidas, pero fue una experiencia extraordinaria.

El día grande, en Delhi, multitud de fiestas de alto copete llevaban el Holi a las afueras de la ciudad. Diversos emplazamientos ajardinados quedaron cubiertos por los colores y el barro al atardecer de uno de aquellos días inolvidables para cualquier extranjero que pase por la India.

http://www.hindustantimes.com/rssfeed/lifestyle/A-dry-deal-at-water-parks/Article1-513665.aspx

 21, Community Centre · New Friends Colony, Delhi · 9811480448

No hay okonomiyaki. No hay takoyaki. No hay sushi de pescado. Lo sentimos, es poco probable que la mayoría de estos alimentos se preseervaran en el clima que nos ha tocado vivir. Pero lo que sí frecuenta en el restaurante Tamura son los japoneses, lo que a todas luces es un buen indicador de autenticidad. Con todo el protocolo de Tokyo y la parafernalia de un shabu shabu en Osaka, pero sin el ruido de un izakaya bullicioso, Tamura nos recibe con un equipo impoluto en el trato, el uniforme y las formas. Sus mesas hundidas en el suelo y la amplia oferta de la carta (sin abarcar demasiado) nos trasladan immediatamente a un Japón idílico, una huída momentánia de la ciudad que nos rodea. Falta, tal vez, más pescado y especialmente en el falso sushi de salmón (precocinado), así que en lugar de apostar por uno de los más conocidos manjares japoneses, probemos el katsudon, el pollo teriyaki o el bento, con sus verduras en conserva, algas y demás variedad de sabores e ingredientes característicos de la cocina japonesa. Teniendo en cuenta, pues, la rareza de los ingredientes, la verdad es que la cuenta no sale nada cara. Y por todo ello, es un lugar para ir más de una vez, ya sea para desconectar, para descubrir o para recordar.

Una extraña película en el panorama indio. Un par de estrenos al año desentonan con el Bollywood comercial y si el año pasado fue Firaaq, este es el momento de Road, movie. Unas imágenes impresionantes del desierto del Thar y de Jodhpur, con un momento un poco delirante y muchos retratos de la vida cotidiana de una de las zonas más duras de la India. Totalmente recomandable, mientras dure en cartelera.

Se terminará pronto, se terminó. Así es la inexistente transición del frío invierno en Delhi a la cálida primavera. De sopetón, sin anestesia. Y habidas cuentas, no es demasiado útil que me ponga a escribir sobre las técnicas indias para superar el frío a estas alturas del año, aunque haya quien todavía lo sufra por otras latitudes. Para ellos va.

El truco infalible para soportar el frío parece ser cubrirse las orejas. Los indios acostumbran a utilizar unas orejeras de patrones militares o enrollarse las bufandas a la cabeza cubriendo ambos apéndices casi totalmente. Pues bien, tras una aplicación práctica del ensayo error, tengo que decir que mi refutación de la teoría ha fracasado estrepitosamente y tengo que reverenciar esta gran idea que si bien viola todo canon estético, ha demostrado resultados admirables. Sentado en una cabaña terraza en Rishikesh en plena noche, con un viento de las montañas soplando a través del valle del Ganges, la cena se esperaba fría. Tal vez nos costó algo más comunicarnos o el grupo de españoles subió el tono más de lo habitual, que ya es mucho, pero las bufandas alrededor de los oídos salvaron a más de uno de caer enfermo.

Esta mañana el abuelito de Paharganj que hace los vasos de te de cerámica, me ha confesado tras sus gafas de plástico verde (que parecen de muñeco de Famosa) que con los ingleses vivían mejor. Gran impacto… Según contaba, por aquél entonces no había, básicamente, tanta disparidad social. Los Nehrus y Gandhis no le harían un monumento, a pesar de que a los 95 sigue trabajando en su rinconcito de Paharganj.

En medio del tráfico en una mañana cualquiera, de Defence Colony a casa, un colapso. Miro a mi alrededor, rodeado de partículas en suspensión y bozinazos en igual medida, y no es difícil ver el tráfico de Delhi como un río desbocado. Por la aceras, por los carriles bici, por los huecos inimaginables, la corriente que presiona para encontrar su lecho avanza. Primero una moto rompe el tabú, luego otra, luego varias, un autorickshaw se sube a la cera zarandeando a los pasajeros, se ha abierto una nueva vía.

El tráfico de Delhi es un río extraño, pues pequeños mecanismos pueden contenerlo. Una luz roja, a veces un hombrecillo con un silbato. Pero a menudo, su fuerza excede las capacidades de la ley y el orden y cual torrente mediterráneo tras las lluvias de otoño encuentra su camino donde no le pertoca. El tráfico, sin embargo, es un río raro pues tiene doble sentido y no entiende de pendientes.

Lejos del orden que reina en las calles de Barcelona, aquí simplemente se fluye y se llega donde uno esperaba tras remolinos y obstáculos de toda índole, zigzagueos imperceptibles y bruscos golpes de volante, un rafting improvisado sobre tela asfáltica. Y en la desembocadura, la paz de haber salido con vida del torbellino.

A Block Market · Lajpat Nagar II, Delhi

¡Gourmets no! Debería haber un cartel para avisar a quien espere comer bien que no vaya a un food court. Aunque creo que ningún gastrónomo se vendría aquí a comer. Pues a mi me gusta. Es un espacio agradable. McDonalds, Sagar Ratna y Bakery Street entre otros. Nada remarcable, tal vez, pero te lo tomas en una terraza con una fuente que amortigua el sopor de una cálida tarde en Delhi. Y para más inri, los precios están tirados. Inconvenientes: que hay que dar algunos codazos para conseguir mesas o conformarse con el interior donde a  menudo no funciona el aire acondicionado. Sin duda, me quedo con los pros.

P.S. Por cierto, 3C’s viene de Competent Cine Court. Raro.

En los jardines de Castro Garden Café y frente a la Galería de Arte Hussain de Jamia, los alumnos de arte de la universidad han colocado algunas de sus creaciones.

Paseando por Delhi, a veces sin quererlo, reparamos en una estructura de hormigón que se erige imponente frente e nosotros. Es extraño. Aparentemente, un edificio en construcción muestra, si nos fijamos atentamente, signos claros que anuncian su transición hacia la ruina. Son entrañas de edificios que podrían haber sido. Arquitecturas en potencia, aplazadas o abandonadas que yacen solitarias en las calles de Delhi. Algunas llegan a estados fantasmagóricos dignos de una buena película de terror. Otras seguiran su vivencia gris hasta que alguien las rescate y les ponga algo de color. Mientrastanto, nos sirven a unos pocos, para dejar volar la imaginación.

No es una copia barata de la película de Sigourney Weaver (que el nombre se las trae), sino el día a día de esta escultura en un parque de Kashmiri Gate. Al fondo la estación de la línea roja del metro apenas es visible, aunque está a unos 200 o 300 metros del punto donde nos encontramos. El rey maratha tendrá que esperar unos días para presidir con orgullo esta encrucijada del norte de Delhi.

El Lohri se celebra cada año el 13 de enero en el norte de la India, aunque es un día especial en Punjab. Este festival celebra el tiempo en que la Tierra empieza a moverse hacia el Sol, el fin de la estación más fría, y el inicio de un periodo auspicioso, el Uttarayam. A partir de Lohri se multiplican las bodas por todos sitios, para parovechar los buenos auspicios, suponemos. El primer Lohri es muy importante para los recien casados y los bebes, puesto que marca la fertilidad futura.

La celebración tiene lugar sobretodo por la noche cuando la gente se reune alrededor de una hoguera donde tiran arroz y palomitas, azucar y semillas de sésamo mientras rezan para conseguir la abundancia y la prosperidad. En ocasiones se cantan y bailan alrededor del fuego canciones tradicionales. Las canciones remiten a una mujer bandido Dulla Bhatti que en tiempos de Akbar asaltaba a las caravanas. Robaba a los ricos para dárselo a los pobres, pero sobretodo rescataba a las chicas hindúes que iban a ser vendidas como esclavas en zonas musulmanas, les buscaba un marido hindú y les proporcionaba la dote, cosa que la convirtió en una heroína del Punjab.

En distintos lugares de Delhi, pequeñas y grandes hogueras por las esquinas y gente a su alrededor no eran, ayer, signo del frío. En Dilli Haat, unos rajastaníes lo celebraban con espectáculos de fuego mientras los asistentes lanzaban arroz y otros materiales a la hoguera que quemó durante toda la tarde y noche a la entrada del recinto.

A veces uno se pregunta muchas cosas cuando vive en la India, algunas banales, otras de cierto calado intelectual. Las hay que afectan a la deriva vital del individuo. Pero raramente se ha visto a un panel informativo tomar tal cariz en una tarde cualquiera de enero.

A costumer is the most important visitor on our premises
He is not dependent on us. We are dependent on him.
He is not an interruption in our work, he is the purpose of it.
We are not doing him a favor by serving him.
He is doing us a favour by giving us the opportunity to serve him

¿Adivina de quien es?

Dijo Gandhi...  y nadie le hizo caso.

Voy volando

En Kargil, presencié una de esas escenas que jalean la sonrisa. Unas chicas con un hijab cubriéndoles la cabeza paseaban tranquilamente por la carretera que sale del pueblo. Al mismo tiempo, dos extranjeros avanzaban a su encuentro bordeando un camión cuyo motor estaba encendido. Cuando las chicas llegaron a la altura de la cabina, el conductor las miró y le hizo un gesto al compañero. Ambos se lanzaron sobre las ventanillas y dieron gas para que saliera por el tubo de escape lateral un humo negruzco que dio de pleno en las dos pobres muchachas. Seguro que en América, con un buen vestido de vuelo, la escena hubiera tenido tintes eróticos… pero en Kargil, en mitad del Himalaya, dejó un regusto a amargura, teñido, tal vez, de la ingenua compasión de un extranjero ante una musulmana cubierta.

Mientras pasábamos con el coche, no me fijé en lo que estaba escrito. Sólo vi a un chico musulmán mirándonos fijamente. Por suerte el taxi iba tan despacio como para que quedara constancia del mensaje. Por algun motivo desconocido, se combinaron magistralmente luces y sombras, ver y mirar, leer y entender. Esta es una de mis fotografías favoritas del viaje por Kashmir y Ladakh. Sin más.

sida

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