Archivos para Minucias

Glamour – Beauty Zone

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King Kong en Old Delhi

Vuelves y vuelves a Old Delhi y nunca dejas de sorprenderte. Un puesto callejero, una tienda de antigüedades escondida, un bocadillo de mango y paneer o un graffiti al fondo de una callejuela.

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Costumizada

Una mujer con glamour siempre lleva el modelo adecuado para cada evento. La falda Taj Mahal es el último grito en Holanda al visitar el monumento del amor.

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Bonita mañana de monzón

Te levantas con el monzón y piensas en ir al cine, para huir del bochorno o de las impronosticables trombas de agua. Eliges un título casi al azar de las películas que exhiben en un cine de un centro comercial. Hoy tienes suerte, una romántica americana… En Delhi es extraño ver algo en inglés que no sea una romántica americana o una de acción americana. Coges el autorickshaw que tras la subida tarifaria te pone el taxímetro, sin luchas. Milagrosamente vas a llegar a tiempo. Parece el día perfecto hasta que se pone a llover a cántaros. La distancia que te separa de los porches del centro comercial es pequeña y echas a correr calándote, un guardia de seguridad te impide ponerte bajo los porches más cercanos indicando un cartel donde está escrito MALL ENTRY –> Claudicas a la estupidez del maltrato al cliente y pasas por la entrada preestablecida, chorreando, empapado. Tras el control, otro guardia mindundi te señala que debes secarte los pies si quieres entrar. Tal vez si el otro guardia mindundi te hubiera permitido resguardarte de la lluvia, no hubieras llegado en esas condiciones, pero ¿cómo le vas a hacer entender? Con los pies más o menos secos y la dignidad por los suelos, entras al mall donde montones de hormigas se retuercen, claramente debido a algun veneno, y unos cuantos empleados de la limpieza las amontonan en circulos puntillistas. Una escena repugnante en uno de los centros comerciales de más lujo de la ciudad.

Tienes la entrada y subes las escaleras mecánicas. Ya en las dependencias del cine, te dispones a comprar palomitas. Quieres una cola light y unas palomitas pequeñas, pero el encargado de vendértelas se empeña en poner en práctica sus técnicas de marketing. Dice que con las grandes ahorras. Pero, tú no quieres las grandes porque no vas a terminártelas y lo sabes. Se lo indicas, pero él insiste en el gran ahorro. Cuando malhumorado, insistes en las pequeñas, te ofrece chocolatinas de marcas varias. No, gracias. ¿ Unos nachos? No, gracias. ¿Una porción de pizza? No, gracias. ¿ Un hot dog? No, sólo unas palomitas. Entonces el empleado incauto o irreverente apunta “Foreigners love it”. ¿El qué? “The hot dog, sir. Foreigners love it.”. Te entran ganas de decirle “Estúpido, el hot dog tiene carne de cerdo y no esa insulsa salchicha de pollo hervido”. Pero te controlas y la sugieres que te de tu cola light y tus palomitas y basta. Él no pierde su sonrisa y tu no le has aporreado, así que vuelves a comerte una dosis de frustración y entras en la sala. Se apagan las luces y por un rato, la paz. Hasta que en el intermedio (porque las pelis de 90 minutos también tienen intermedios), viene otro camarero a insistirte que adquieras comida basura muy por encima del precio de mercado. Los ojos se salen de sus órbitas. No, gracias.

Solo faltaba que la película terminara mal, como así fue. Resumen de como estropear un bonito día de monzón en Delhi.

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Tiritas para el arte

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Otra despedida

Cada vez que me voy, siento que no volveré, aún sabiendo que tengo un vuelo de regreso para el 1 de julio. De nuevo, mira la luna llena de Buddha Purnima y parece la última.

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Fatehpuri Masjid

Venimos buscando autenticidad, huir de los circuitos, de los objetivos del turisteo y, a menudo, esa huída esta a la vuelta de la esquina. Al final de Chandni Chowk, esta mezquita mogol es el paradigma de la calma, mientra afuera, las paradas de especias inundan el mercado de olores estridentes.

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Un tendedero

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The Japanese Wife

Basada en la obra homónima, esta película bengalí de Aparna Sen apunta a ser lo mejor del año en el panorama cinematográfico de Delhi. ¿Quién no ha tenido un amigo postal? Así empieca esta historia. Una japonesa y un bengalí empiezan a cartearse en inglés. Superando los problemas lingüísticos entablan una relación que les llevará hasta el matrimonio, también postal. Las circunstancias (pobreza, enfermedad…) obligan a posponer el encuentro del matrimonio que ve pasar los años, sin titubear en su empeño de escribir y de ser amados. En algunos momentos algo naif, lo cierto es que esta historia conjuga todos los géneros. La trama tiene toques épicos, mezcla drama con humor benévolo y todo ello bañado por los planos de los Sunderbans; poesía ensimismada.

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Un destino

A veces solo sabes que quieres huír de Delhi…

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Ejercicio de retórica

1. Substituya la palabra China por India y Pekín por Delhi y comente el texto.

Algunos países actúan como una droga. Es el caso de China, que tiene el sorprendente poder de convertir en pretenciosos a todos aquellos que han estado allí, incluso a todos aquellos que hablan de ella.

La pretensión induce a escribir. De ahí la ingente cantidad de libros sobre China. A imagen y semejanza del país que los ha inspirado, esas obras son lo mejor (Leys, Segalen, Claudel) o lo peor.

Yo no fui la excepción a la regla.

China me había convertido en un ser tremendamente pretencioso.

Nada permite tanto dárselas de algo como decir: “Acabo de llegar de China”. Y todavía hoy, cuando intuyo que alguien no me admira lo suficiente, recurro a un “cuando vivía en Pekín”, pronunciado como quien no quiere la cosa y en un tono de voz indiferente.

Es una especificidad real, ya que, después de todo, también podría decir “cuando vivía en Laos” que resultaría mucho más excepcional. Pero no tiene tanto glamour. China es lo clásico, lo incondicional, es Chanel nº 5.

[Amelie Nothomb, El sabotaje amoroso]

Nada que comentar. No puedo estar más de acuerdo.

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Callejeros Viajeros Delhi

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Sant Jordi

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Conversaciones a la hora del te

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Baño habitual

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Siempre con educación

Ayer, recuperé una de aquellas sensaciones que catalogo como minucias. Pasó en un instante. Ibamos conduciendo por una de las arterias principales de Delhi. Digo íbamos, pero en realidad conducía el autorickshaw-wala. El tráfico era denso y por la derecha un todo terreno urbano, de estos que se ven cada vez más a menudo en España, un coche enorme, excesivo para la ciudad, nos pasó a tocar. Lo conducía una mujer con enormes gafas de sol y criaturas en el asiento de atrás. Algo parecido a una escena de salida de colegio en Barcelona a las cinco de la tarde. El conductor del autorickshaw la miró y le gritó algo del tipo, mujer tenías que ser. Pero, ahí va la grandeza, en lugar de usar un tono despectivo y alguno insulto adyacente, le dijo memsahib aram se. Memsahib es una palabra para tratar con respeto a una mujer, algo que suene a corte mogol, algó así como un señora con algo más de caché. Lo dijo como una queja, pero también como una súplica  y a la vez con resignación. Y a mi, me pareció digno de ser contado en este blog.

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Azar

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Inimaginable

A veces, la Incredible India se combina con el surrealismo hispano y da como resultado un cocktail inimaginable. Si hay algo que nadie podría haber concebido es una visita de Alaska a Delhi. Pero ha sucedido y desde la perplejidad, seguiremos informando.

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Moda Barcelona… ¿?

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Equilibrio

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Holi con retraso

Holi es una de las celebraciones más vistosas de la India. Commemora la muerte de la diablesa Holika que se lanzó al fuego con el joven Prahlad, un gran devoto de Vishnu quien le había dado un manto para protegerlo. Así el festival tiene dos días grandes. En Chotti Holi, se montan hogueras de heces de búfalo sobre las que se coloca a Holika y se prenden por la noche. A la mañana siguiente, el día de Dhulendi la gente se lanza polvo de colores y aguas tintadas, con más o menos saña. Las calles están bastante desiertas en Delhi. Es estraña la mezcla de inocencia que tienen manchas de colores por doquier y el aspecto fantasmagórico de las grandes avenidas de la ciudad.

En los lugares santos de Mathura y Vrindavan, en cambio, el Holi dura dos semanas y cada día un templo diferente celebra su festival particular. Caminando por Vrindavan, los niños nos asaltaban bastante inocentes y algunas mujeres se acercaban alegres a desearnos feliz holi con color en sus manos. En el templo del nacimiento de Krishna, en Mathura, un hombre totalmente fúcsia atacaba a los devotos desde el tejado, mientras la multitud tintada paseaba por el templo impoluto. No hay pruebas, pues las cámaras estaban prohibidas, pero fue una experiencia extraordinaria.

El día grande, en Delhi, multitud de fiestas de alto copete llevaban el Holi a las afueras de la ciudad. Diversos emplazamientos ajardinados quedaron cubiertos por los colores y el barro al atardecer de uno de aquellos días inolvidables para cualquier extranjero que pase por la India.

http://www.hindustantimes.com/rssfeed/lifestyle/A-dry-deal-at-water-parks/Article1-513665.aspx

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Tamura

 21, Community Centre · New Friends Colony, Delhi · 9811480448

No hay okonomiyaki. No hay takoyaki. No hay sushi de pescado. Lo sentimos, es poco probable que la mayoría de estos alimentos se preseervaran en el clima que nos ha tocado vivir. Pero lo que sí frecuenta en el restaurante Tamura son los japoneses, lo que a todas luces es un buen indicador de autenticidad. Con todo el protocolo de Tokyo y la parafernalia de un shabu shabu en Osaka, pero sin el ruido de un izakaya bullicioso, Tamura nos recibe con un equipo impoluto en el trato, el uniforme y las formas. Sus mesas hundidas en el suelo y la amplia oferta de la carta (sin abarcar demasiado) nos trasladan immediatamente a un Japón idílico, una huída momentánia de la ciudad que nos rodea. Falta, tal vez, más pescado y especialmente en el falso sushi de salmón (precocinado), así que en lugar de apostar por uno de los más conocidos manjares japoneses, probemos el katsudon, el pollo teriyaki o el bento, con sus verduras en conserva, algas y demás variedad de sabores e ingredientes característicos de la cocina japonesa. Teniendo en cuenta, pues, la rareza de los ingredientes, la verdad es que la cuenta no sale nada cara. Y por todo ello, es un lugar para ir más de una vez, ya sea para desconectar, para descubrir o para recordar.

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Road movie

Una extraña película en el panorama indio. Un par de estrenos al año desentonan con el Bollywood comercial y si el año pasado fue Firaaq, este es el momento de Road, movie. Unas imágenes impresionantes del desierto del Thar y de Jodhpur, con un momento un poco delirante y muchos retratos de la vida cotidiana de una de las zonas más duras de la India. Totalmente recomandable, mientras dure en cartelera.

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Caminar sobre las aguas

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Semipreciosas

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¡Cubrirse las espaldas, taparse las orejas!

Se terminará pronto, se terminó. Así es la inexistente transición del frío invierno en Delhi a la cálida primavera. De sopetón, sin anestesia. Y habidas cuentas, no es demasiado útil que me ponga a escribir sobre las técnicas indias para superar el frío a estas alturas del año, aunque haya quien todavía lo sufra por otras latitudes. Para ellos va.

El truco infalible para soportar el frío parece ser cubrirse las orejas. Los indios acostumbran a utilizar unas orejeras de patrones militares o enrollarse las bufandas a la cabeza cubriendo ambos apéndices casi totalmente. Pues bien, tras una aplicación práctica del ensayo error, tengo que decir que mi refutación de la teoría ha fracasado estrepitosamente y tengo que reverenciar esta gran idea que si bien viola todo canon estético, ha demostrado resultados admirables. Sentado en una cabaña terraza en Rishikesh en plena noche, con un viento de las montañas soplando a través del valle del Ganges, la cena se esperaba fría. Tal vez nos costó algo más comunicarnos o el grupo de españoles subió el tono más de lo habitual, que ya es mucho, pero las bufandas alrededor de los oídos salvaron a más de uno de caer enfermo.

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Anglofilia

Esta mañana el abuelito de Paharganj que hace los vasos de te de cerámica, me ha confesado tras sus gafas de plástico verde (que parecen de muñeco de Famosa) que con los ingleses vivían mejor. Gran impacto… Según contaba, por aquél entonces no había, básicamente, tanta disparidad social. Los Nehrus y Gandhis no le harían un monumento, a pesar de que a los 95 sigue trabajando en su rinconcito de Paharganj.

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Ríos

En medio del tráfico en una mañana cualquiera, de Defence Colony a casa, un colapso. Miro a mi alrededor, rodeado de partículas en suspensión y bozinazos en igual medida, y no es difícil ver el tráfico de Delhi como un río desbocado. Por la aceras, por los carriles bici, por los huecos inimaginables, la corriente que presiona para encontrar su lecho avanza. Primero una moto rompe el tabú, luego otra, luego varias, un autorickshaw se sube a la cera zarandeando a los pasajeros, se ha abierto una nueva vía.

El tráfico de Delhi es un río extraño, pues pequeños mecanismos pueden contenerlo. Una luz roja, a veces un hombrecillo con un silbato. Pero a menudo, su fuerza excede las capacidades de la ley y el orden y cual torrente mediterráneo tras las lluvias de otoño encuentra su camino donde no le pertoca. El tráfico, sin embargo, es un río raro pues tiene doble sentido y no entiende de pendientes.

Lejos del orden que reina en las calles de Barcelona, aquí simplemente se fluye y se llega donde uno esperaba tras remolinos y obstáculos de toda índole, zigzagueos imperceptibles y bruscos golpes de volante, un rafting improvisado sobre tela asfáltica. Y en la desembocadura, la paz de haber salido con vida del torbellino.

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Imitando a Dorothy

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3C’s Food Court

A Block Market · Lajpat Nagar II, Delhi

¡Gourmets no! Debería haber un cartel para avisar a quien espere comer bien que no vaya a un food court. Aunque creo que ningún gastrónomo se vendría aquí a comer. Pues a mi me gusta. Es un espacio agradable. McDonalds, Sagar Ratna y Bakery Street entre otros. Nada remarcable, tal vez, pero te lo tomas en una terraza con una fuente que amortigua el sopor de una cálida tarde en Delhi. Y para más inri, los precios están tirados. Inconvenientes: que hay que dar algunos codazos para conseguir mesas o conformarse con el interior donde a  menudo no funciona el aire acondicionado. Sin duda, me quedo con los pros.

P.S. Por cierto, 3C’s viene de Competent Cine Court. Raro.

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Un meter que funciona

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El pensador

En los jardines de Castro Garden Café y frente a la Galería de Arte Hussain de Jamia, los alumnos de arte de la universidad han colocado algunas de sus creaciones.

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Costurero eléctrico

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Cargo de conciencia

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Entrañables entrañas

Paseando por Delhi, a veces sin quererlo, reparamos en una estructura de hormigón que se erige imponente frente e nosotros. Es extraño. Aparentemente, un edificio en construcción muestra, si nos fijamos atentamente, signos claros que anuncian su transición hacia la ruina. Son entrañas de edificios que podrían haber sido. Arquitecturas en potencia, aplazadas o abandonadas que yacen solitarias en las calles de Delhi. Algunas llegan a estados fantasmagóricos dignos de una buena película de terror. Otras seguiran su vivencia gris hasta que alguien las rescate y les ponga algo de color. Mientrastanto, nos sirven a unos pocos, para dejar volar la imaginación.

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Shivaji en la niebla

No es una copia barata de la película de Sigourney Weaver (que el nombre se las trae), sino el día a día de esta escultura en un parque de Kashmiri Gate. Al fondo la estación de la línea roja del metro apenas es visible, aunque está a unos 200 o 300 metros del punto donde nos encontramos. El rey maratha tendrá que esperar unos días para presidir con orgullo esta encrucijada del norte de Delhi.

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Lohri

El Lohri se celebra cada año el 13 de enero en el norte de la India, aunque es un día especial en Punjab. Este festival celebra el tiempo en que la Tierra empieza a moverse hacia el Sol, el fin de la estación más fría, y el inicio de un periodo auspicioso, el Uttarayam. A partir de Lohri se multiplican las bodas por todos sitios, para parovechar los buenos auspicios, suponemos. El primer Lohri es muy importante para los recien casados y los bebes, puesto que marca la fertilidad futura.

La celebración tiene lugar sobretodo por la noche cuando la gente se reune alrededor de una hoguera donde tiran arroz y palomitas, azucar y semillas de sésamo mientras rezan para conseguir la abundancia y la prosperidad. En ocasiones se cantan y bailan alrededor del fuego canciones tradicionales. Las canciones remiten a una mujer bandido Dulla Bhatti que en tiempos de Akbar asaltaba a las caravanas. Robaba a los ricos para dárselo a los pobres, pero sobretodo rescataba a las chicas hindúes que iban a ser vendidas como esclavas en zonas musulmanas, les buscaba un marido hindú y les proporcionaba la dote, cosa que la convirtió en una heroína del Punjab.

En distintos lugares de Delhi, pequeñas y grandes hogueras por las esquinas y gente a su alrededor no eran, ayer, signo del frío. En Dilli Haat, unos rajastaníes lo celebraban con espectáculos de fuego mientras los asistentes lanzaban arroz y otros materiales a la hoguera que quemó durante toda la tarde y noche a la entrada del recinto.

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Existencialismo en Janpath

A veces uno se pregunta muchas cosas cuando vive en la India, algunas banales, otras de cierto calado intelectual. Las hay que afectan a la deriva vital del individuo. Pero raramente se ha visto a un panel informativo tomar tal cariz en una tarde cualquiera de enero.

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En Oriente sin magos o para qué sirve la mirra

La mirra es una substancia extraña que los Reyes Magos llevaron a Jesús, pero que en la historia que te cuentan cuando eres un niño nunca cuadra del todo y se acepta como muchas de aquellas cosas irracionales que acontecen en el mundo. A los pocos años de edad todos entendemos para que querría Jesús oro, sobretodo visto el lugar del nacimiento y los harapos que le pusieron. El oro les vino bien a María y José para reservarse un hotelito y luego el trayecto hasta Egipto en mula de lujo, AC incluído. El incienso es algo más desconocido, pero si prengutas enseguida te dicen que es algo que huele bien. No es exactamente colonia, que tampoco hubiera estado mal. Es como un ambientador natural, muy útil si de ahora en adelante el niño tuviera que seguir rodeado de animales de granja como el buey y la mula. Al menos disimularía el pestilente olor a establo. Pero… ¿Y la mirra? ¿Para qué sirve la mirra?

La mirra se produce en la India y en Oriente Medio. Proviene de la resina de ciertas plantas que al sangrar se vuelve rojiza. Se utilizaba para elaborar perfumes y unguentos, para inciensos y medicinas y para embalsamar a los muertos. A día de hoy todavía se usa como antiséptico, así que tal vez se lo dieran al niño Jesús por si tenía ganas de enjuagarse la boca antes de los discursos que le tocaría dar en el futuro o de limpiarse las heridas después de resucitado. Estos Reyes eran unos visionarios.

Y, así, desde la India y sin Reyes Magos por llegar porque la estrella apuntaba hacia otro destino, iré al mercado a ver si encuentro algo de mirra, veo pasar un camello y así le doy sentido a esta noche mágica.

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2009, phir se (otra vez)

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Sin despeinarse

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Dijo A e hicieron B.

A costumer is the most important visitor on our premises
He is not dependent on us. We are dependent on him.
He is not an interruption in our work, he is the purpose of it.
We are not doing him a favor by serving him.
He is doing us a favour by giving us the opportunity to serve him

¿Adivina de quien es?

Dijo Gandhi...  y nadie le hizo caso.

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Kargil – Voy volando

Voy volando

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Erotismo velado

En Kargil, presencié una de esas escenas que jalean la sonrisa. Unas chicas con un hijab cubriéndoles la cabeza paseaban tranquilamente por la carretera que sale del pueblo. Al mismo tiempo, dos extranjeros avanzaban a su encuentro bordeando un camión cuyo motor estaba encendido. Cuando las chicas llegaron a la altura de la cabina, el conductor las miró y le hizo un gesto al compañero. Ambos se lanzaron sobre las ventanillas y dieron gas para que saliera por el tubo de escape lateral un humo negruzco que dio de pleno en las dos pobres muchachas. Seguro que en América, con un buen vestido de vuelo, la escena hubiera tenido tintes eróticos… pero en Kargil, en mitad del Himalaya, dejó un regusto a amargura, teñido, tal vez, de la ingenua compasión de un extranjero ante una musulmana cubierta.

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SIDA, al vuelo

Mientras pasábamos con el coche, no me fijé en lo que estaba escrito. Sólo vi a un chico musulmán mirándonos fijamente. Por suerte el taxi iba tan despacio como para que quedara constancia del mensaje. Por algun motivo desconocido, se combinaron magistralmente luces y sombras, ver y mirar, leer y entender. Esta es una de mis fotografías favoritas del viaje por Kashmir y Ladakh. Sin más.

sida

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Very important message 5

Not pee, nor poo

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Very important message 4

go slow

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Hasta pronto

Nada más llegar escribí este párrafo que, creí, ilustraba mis sentimientos. “Cae la noche en Delhi. Cuando la tarde pierde su nombre, el sol aterriza tras los árboles que circundan mi residencia con un rojo eléctrico, difícil de ver en Europa. El cielo se pone del tono de la vergüenza. A medida que desciende, el círculo solar se enturbia por los humos y la contaminación, mientras revolotean pajarracos sobre jóvenes desenfadados, tirados por el césped de la universidad. Es el momento en que Jamia parece más tranquila. Las bocinas se oyen a lo lejos, apaciguadas por el súbito silencio que precede a la inauguración oficial de la noche. Todas las mezquitas de Okhla deciden llamar a la oración. Escasamente coordinadas, primero unas y luego otras, rompen el silencio al grito de Allah es grande “Allah ho Akbar” y el cielo pierde sus tonos cálidos, se vuelve gris y llega la noche. El almuédano canta un poco más. ¿Quién sabe cuantos fieles ocuparan el espacio para la plegaria en este atardecer? Lo que es seguro es que estoy en Delhi y que este momento, que siempre me ha parecido tremendamente sublime, me convence de que este es el lugar donde debo estar.” Ha llegado el final y me voy. Dejo la ciudad sin comprender las reglas del críquet, sin sentir la emoción de un interminable partido cuando Sachin Tendulkar batea y marca una nueva carrera para su equipo. Progreso adecuadamente con mi hindi, que, sin embargo, sigue pareciendo más de Teach Yourself que de experto regateador en el bazar. Me sigue doliendo ver algunas escenas callejeras, algunos esperpentos inexplicables de la condición humana, aunque la mayoría de veces simplemente las ignoro o incluso repito comportamientos observados y me aparto cuando me toca un mendigo. Me odio, pero me entiendo en estos momentos. He aprendido a saborear la brisa en las noches templadas, de vuelta de esta o esa discoteca, después de bailar desenfrenadamente las mismas canciones de la radio, las mismas de las películas, las mismas de las bodas, tan mías ya que no entiendo la vida sin los ritmos del dhol o la tabla. Me deleito con los sabores de la cocina india, a pesar de no entender a qué sabe el chile para que lo usen tanto y aunque siga sin poder llamar ensalada a esa cebolla morada con salsa verde que te traen al empezar una comida. Intenté leer, pero me costó encontrar tiempo. Intenté investigar para la tesis, pero los papeles se quedaron en carpetas escondidas en estantes polvorientos. He puesto voluntad y he conseguido cosas, pequeñas, insignificantes; a veces, heroicas. Me he sentido feliz por terminar con éxito un día más tantas veces como frustrado por no haber logrado lo que me proponía. He experimentado los altos y los bajos de la vida diaria con una intensidad y una brutalidad inimaginadas, en la ciudad que quería, en la ciudad de mis sueños, entre memorias de tiempos pasados donde soñar con vidas mejores.

Me voy, pero volveré.

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Very Important Message 3

 

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Una cama

una cama

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