No me pude resistir a morderla antes de fotografiar esta preciosidad de hojaldre en forma de abanico. Un día al abuelo venido del Punjab durante la Partición se le ocurrió poner el exótico nombre de samosa japonesa a este milhojas con un sutil relleno de patata. Y desde entonces, en este rincón de Chandni Chowk, rodeado de vendedores de tecnología obsoleta, tan cercano al barullo y al Red Fort que resuena entre la freiduría, la samosa japonesa (japani samosa) es la estrella. Por un módico precio de 10 rupias nos sirven una samosa y un poco de chole (garbanzos). El dueño siempre insiste en que provemos sus espinacas con mostaza, ineludible una cucharada. Y es que esta dhaba ofrece mucho más que la delicia nipona, aunque sólo por ella valga la pena el viaje desde las lejanías del sur de Delhi.

Cómo llegar: desde el Red Fort hay que tomar Chandni Chowk, pasar las tiendas de flores a mano derecha y subir por la primera calle hasta el mercado de “tecnología”, frente a un viejo cine.




