Anteayer se clausuraron los Juegos de la Commonwealth 2010. Como en una de esas tardes de sábado en que se juega el derby y Barcelona parece paralizada, Delhi estaba vacía. Los únicos valientes que salían a la calle se dirigían al estadio JL Nehru cerca de Defence Colony. Por momentos, pensaba que lo único que se podía hacer en Delhi era encerrarse en casa. Tiendas cerradas, plancha cerrada, carritos de verduras aparcados y vacíos. Pero la red me dió una inesperada buena noticia. Los cines abrían. PVR Select City Walk. Eat Pray Love 6.10 PM.
Cogí uno de los autos aparcados y parecí dar la buena noticia del día al conductor que por fin encontraba en qué ocupar sus horas ociosas de espera. Dimos algo de rodeo para evitar la zona cercana al estadio (nunca vivir en Nizamuddin me pareció tan incómodo como durante los Juegos, con la luz cegadora del aterrizaje de un OVNI emanando de detrás de la línea de los árboles y el solitario Barapullah Nallah flyover de línea del horizonte, atravesado a ratos por un autobús con aire acondicionado, también solitario). El tráfico era fluido, en la medida que lo puede ser en Delhi, aunque las carreterras estaban desiertas. Llegamos a Select Citiwalk donde algunas parejitas y pequeños grupos de extranjeros merodeaban por la puerta. Todo indicaba el cierre total del centro comercial excepto un cartel en blanco y negro que versaba PVR IS OPEN.
Compré la entrada y me preparé para esperar casi una hora en la lúgubre soledad de un centro comercial lleno de restaurantes y tiendas llenas de mercancías, a oscuras. La fantasmagórica atmósfera se completaba con unas obras en la zona central que levantaban cierta polvareda y la repentina visión de un televisor encendido con críquet, noticias o simplemente interferencias. En la sala de espera del PVR había un grupo bastante nutrido de aburridos delhitas que habían seguido los pasos de la red para entretener su anodina tarde de la clausura. Como no había donde comer, comimos lo que nos vendían en el PVR, nada delicioso. Matamos el tiempo matando el gusanillo. Es paradójico que fuera a ver una película que me iba a ofrecer primeros planos de exquisita comida mediterránea.
De nuevo, Hollywood me indigna con su visión decrépita, holgazana y hedonista del Mediterráneo. En Roma, seguro que una Julia Roberts cualquiera puede encontrar un piso donde no sea necesario tener andamios en el comedor y las bañeras se llenen con agua caliente que fluye de los grifos. Ya incidieron en esta pretendida estupidez mediterránea en Mamma Mia y su peculiar ridiculización de los griegos. Ahora le ha tocado a los italianos. Pero Roma está preciosa, la ciiudad de los placeres terrenales, sobretodo la comida. Y algo de cierto si que hay en que los italianos saben disfrutar de los manjares. La Julie huida de NYC hacia una vuelta al mundo para encontrarse, se dirije a la India después de haber encontrado su apetito. Y en un ashram sui generis de Maharashtra se encuentra. No comentaré el mejunge etnico que aparece en la película, donde por un lugar indefinido que no es Delhi, aparecen todo tipo de estereotipos de la sociedad india. Julita encuentra su meditación también, claro está y se dirije a su próxima parada: Bali. Y en Bali, le debería esperar el amor, digo yo. La verdad es que se trata de un personaje bastante anodino que en cada lugar simplemente pulula sin objetivo ni quehacer. Una extraña road movie aérea, segmentada y vacía, que sin embargo me entretuvo.
A la salida, Delhi seguía infestada de policía y ejército, las carreteras semivacías. Los fuegos artificiales anunciaban el fin del sueño/pesadilla de los CWG. Y al final, lo que cuenta es el resultado.
1. Los Juegos tuvieron lugar sin graves problemas de seguridad. Pero sobretodo, tuvieron lugar.
2. India segunda en el medallero con 101 medallas: 37 oros, 27 platas, 36 bronces.
¡Todo lo demás es historia!
Te levantas con el monzón y piensas en ir al cine, para huir del bochorno o de las impronosticables trombas de agua. Eliges un título casi al azar de las películas que exhiben en un cine de un centro comercial. Hoy tienes suerte, una romántica americana… En Delhi es extraño ver algo en inglés que no sea una romántica americana o una de acción americana. Coges el autorickshaw que tras la subida tarifaria te pone el taxímetro, sin luchas. Milagrosamente vas a llegar a tiempo. Parece el día perfecto hasta que se pone a llover a cántaros. La distancia que te separa de los porches del centro comercial es pequeña y echas a correr calándote, un guardia de seguridad te impide ponerte bajo los porches más cercanos indicando un cartel donde está escrito MALL ENTRY –> Claudicas a la estupidez del maltrato al cliente y pasas por la entrada preestablecida, chorreando, empapado. Tras el control, otro guardia mindundi te señala que debes secarte los pies si quieres entrar. Tal vez si el otro guardia mindundi te hubiera permitido resguardarte de la lluvia, no hubieras llegado en esas condiciones, pero ¿cómo le vas a hacer entender? Con los pies más o menos secos y la dignidad por los suelos, entras al mall donde montones de hormigas se retuercen, claramente debido a algun veneno, y unos cuantos empleados de la limpieza las amontonan en circulos puntillistas. Una escena repugnante en uno de los centros comerciales de más lujo de la ciudad.
Tienes la entrada y subes las escaleras mecánicas. Ya en las dependencias del cine, te dispones a comprar palomitas. Quieres una cola light y unas palomitas pequeñas, pero el encargado de vendértelas se empeña en poner en práctica sus técnicas de marketing. Dice que con las grandes ahorras. Pero, tú no quieres las grandes porque no vas a terminártelas y lo sabes. Se lo indicas, pero él insiste en el gran ahorro. Cuando malhumorado, insistes en las pequeñas, te ofrece chocolatinas de marcas varias. No, gracias. ¿ Unos nachos? No, gracias. ¿Una porción de pizza? No, gracias. ¿ Un hot dog? No, sólo unas palomitas. Entonces el empleado incauto o irreverente apunta “Foreigners love it”. ¿El qué? “The hot dog, sir. Foreigners love it.”. Te entran ganas de decirle “Estúpido, el hot dog tiene carne de cerdo y no esa insulsa salchicha de pollo hervido”. Pero te controlas y la sugieres que te de tu cola light y tus palomitas y basta. Él no pierde su sonrisa y tu no le has aporreado, así que vuelves a comerte una dosis de frustración y entras en la sala. Se apagan las luces y por un rato, la paz. Hasta que en el intermedio (porque las pelis de 90 minutos también tienen intermedios), viene otro camarero a insistirte que adquieras comida basura muy por encima del precio de mercado. Los ojos se salen de sus órbitas. No, gracias.
Solo faltaba que la película terminara mal, como así fue. Resumen de como estropear un bonito día de monzón en Delhi.
Basada en la obra homónima, esta película bengalí de Aparna Sen apunta a ser lo mejor del año en el panorama cinematográfico de Delhi. ¿Quién no ha tenido un amigo postal? Así empieca esta historia. Una japonesa y un bengalí empiezan a cartearse en inglés. Superando los problemas lingüísticos entablan una relación que les llevará hasta el matrimonio, también postal. Las circunstancias (pobreza, enfermedad…) obligan a posponer el encuentro del matrimonio que ve pasar los años, sin titubear en su empeño de escribir y de ser amados. En algunos momentos algo naif, lo cierto es que esta historia conjuga todos los géneros. La trama tiene toques épicos, mezcla drama con humor benévolo y todo ello bañado por los planos de los Sunderbans; poesía ensimismada.
Parece que no ha sido la mejor película del año para el público indio, sin embargo me gustó bastante estas historias cruzadas que se cuentan en tres partes, filmadas con tres cámaras (cinematográfica, de seguridad y oculta). Sin música, sin demasiada melaza… Cine, una historia y algo de intriga. Un discurso inteligente para un público que por una vez no es una mente vacía, sino un ser pensante al que se le lanzan mensajes bastante duros.
Una extraña película en el panorama indio. Un par de estrenos al año desentonan con el Bollywood comercial y si el año pasado fue Firaaq, este es el momento de Road, movie. Unas imágenes impresionantes del desierto del Thar y de Jodhpur, con un momento un poco delirante y muchos retratos de la vida cotidiana de una de las zonas más duras de la India. Totalmente recomandable, mientras dure en cartelera.