Els urs (literalmente boda) es el aniversario de la muerte de un santo sufí en el subcontinente indio. El sufismo indio considera la relación del santo con Dios como de amante y amado, por lo que a su muerte se habla de la unión con el amado y el aniversario de su muerte se celebra como el aniversario de boda. Normalmente, los actos alrededor del Urs continen música, danza y pregarias y acontecen en un dargah. En este caso el de Hazrat Inayat Khan, cerca del dargah principal de Nizzamuddin.
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Paan dulce
En Nizzamuddin Dargah, justo antes de adentrarse en los callejones que llevan a la venerada tumba, hay un paanwalla que prepara uno de los paan dulces más recomendables de las calles de Delhi. El paan consiste en una serie de especies y nuez de areca dentro de una hoja de betel. Los indios lo mascan con avidez cosa que les produce enrojecimiento de las encías y los dientes. El paan favorece la salivación por lo que para consumirlo hay que escupir continuadamente, dejándo la ciudad moteada de esputos de un color nada alentador. Sin embargo, el paan dulce tiene un sabor agradable y refrescante ya que incluye miel y otros dulcificantes a los ingredientes habituales. Así que los que quieran iniciarse, acertarán si eligen la versión dulce de este preparado tan común en las calles indias.
Ellas iban advertidas, pero sonreían desconfiadas. No les duró demasiado en boca, pero fueron lo suficientemente valientes para soportar la mirada inquisitiva de la marabunta de indios alrededor del paanwalla y el espectaculo surrealista de la cabra vestida con las pieles de una ancestra suya mezcladas con un tejido sintético cualquiera.
N. Iqbal Restaurant
268A Hazrat Nizzamuddin · Nizzamuddin West, Delhi · 9891278628
A pesar de mi empeño por ir siempre a la misma dhaba del dargar de Nizzamudín, tengo que reconocer que por una vez esta recomendación de una española, fue muy acertada. Este restaurante en el camino principal que lleva a la tumba del santón musulmán servía un poco de lo mismo que las dhabas en un ambiente algo más relajado y agradable. El kheer, arroz con leche y frutos secos, fue un buen descubrimiento, aunque Sílvia insiste en que el otro postre de la casa es mejor. Hay un balconcito con dos mesas para dos, por si a alguien le apetece ver al gentío que se dirige al darga y a la mezquita de enfrente, aunque a priori parece difícil conseguir sitio.
Las recomendaciones de Sílvia, una asídua del local, son los rollitos de cordero en sus diversas variantes, aunque en la carta hay un poco de todo para satisfacer el apetito de los amantes de lo mughlai. Las raciones son abundantes y los platos tienen un nivel de picante muy aceptable. El butter chicken está para chuparse los dedos.
Para seguir investigando.















