Definitivamente la palabra canopy no se hizo para ser escrita, de hecho no existe en el diccionario de la RAE algo que le dé sentido (baldaquín, dosel, toldo?). Llamemosle canopio que, además, suena bastante mal. Aquí, en esta cúpula que me recuerda más a un gumbad que a un canopio, Metcalf se sentaba a observar las ruinas de Mehrauli. Según cuenta Dalrymple en su libro La ciudad de los djins, y si no me falla la memoria, Metcalf fue el primer enviado de la Compañía de las Indias Orientales ante la corte mogol en Delhi. Al hombre le hechizó la forma de vida mogol de tal modo que se adaptó hasta cambiar totalmente su apariencia y formas; tanto que desde Calcutta tuvieron que desposeerle del cargo. El canopio es una de tantas rarezas que dejó en su proceso de indianización para los anales de la Compañía y el placer de los paseantes. Volvemos a Mehruali Archeological Park, como no.
Archivos para Mehrauli
Rajon ki baoli
Mehrauli Archeological Park sigue siendo uno de mis lugares favoritos de Delhi. A veces, uno tiene la sensación de descubrir en medio de una naturaleza algo impostada restos de ensoñaciones pasadas. Hoy, el Baoli de Rajon. Se conocen como baoli a los pozos escalonados que encontramos en norte de la India para abastecer de agua los asentamientos humanos. La mayoría fechan de tiempos del Sultanato de Delhi o incluso posteriores. En este caso, la escalinata está intacta, mientras que se intuye el saliente para la noria que podía facilitar la extracción de agua. El edificio circundante de tres plantas está bien preservado aunque con poco celo. Alejado y solitario, permite pasearse por galerías y escaleras estrechas de peldaños erosionados por el tiempo, en cualquiera de sus variantes semánticas. Llegar aquí no es un milagro, no es la selva del Amazonas o de Sumatra, pero uno siente lo increible de que una ciudad de 15 millones de habitantes conviva a este nivel con su historia. Hoy no había nadie, pero tal vez se podría haber organizado una cita a escondidas o un botellón a media tarde o una lectura de poesía en urdu. Solo el azar conoce quien dejará sus huellas en la soledad de sus arcos mañana.
Fanaa – Chand Sifarish
Recuerdos de 2006, con una canción que sonó mucho y una película que pintó a Delhi un poco más romántica.
Jahaz Mahal
Los domingos hay muchas formas de pasar la tarde. Reconvertir un antiguo albergue de peregrinos en un campo de badminton es algo un poco heterodoxo pero que en Delhi es posible. De hecho, maravilla la capacidad de los delhitas para ocupar los espacios históricos para las más diversas actividades. Lejos de ser piezas de museo sacralizadas y cerradas a cal y canto, las tumbas y palacios de la ciudad, tantos que es imposible conocerlos todos, van tomando nuevos usos: escondites de parejas que se acarician o cuchichean, refugio de sombra para charlas en pleno verano, campos de críquet o badminton…
En la frontera de la ciudad con el mundo rural, en Mehrauli, encontramos un ejemplo de precioso abandono. El Jahaz Mahal fue construido por la dinastía Lodhi frente al Hauz-e-Shamsi, bastante más antiguo. La impresión del edificio desde el estanque hace que parezca un barco que flota sobre las aguas, por ello se le dió el nombre de Palacio del Barco (Jahaz). El edificio llama la atención por las numerosas cúpulas de sus chattris. Desde 1720 se celebraba aquí un festival donde todos los vendedores de flores de la ciudad prestaban tributo al emperador mogol. El festival, Phulwalon ki Sair, ha sido recuperado recientemente y se celebra en octubre. Alrededor del sarai, un pequeño mercado bullicioso que parece más de ciudad pequeña que de capital.

Hauz-i-Shamshi
Los dhobis lavan la ropa y la tienen en las verjas de este lago artificial, de hecho un depósito construido por el sultán de la Dinastía Esclava en 1230 para abastecer a toda la ciudad durante un año. El sultán en concreto fue Shamsuddin Iltutmish a quien se le apareció Mahoma en sueños para decirle que construyera una reserva de agua. Según la leyenda a la mañana siguiente una huella del caballo de Mahoma estaba donde ahora se ubica el lago. El agua, por tanto, se considera sagrada (aunque no sabemos si el dhobi que trabajaba con media cintura en el agua pensaba lo mismo). Relatos más cercanos a lo posible cuentan que el lugar empezó a ser frecuentado por faquires y santones tras su construcción, lo que le daría cierto prestigio y relación con lo sagrado. Cuando esta seco, puede ser un lugar bastante desolador, pero tuve suerte y estaba bastante lleno.

Mezquita de Jamali Kamali
Hay algunos lugares de Delhi donde solo llegan algunos intrépidos. Con el tiempo, me he dado cuenta que no he visitado todavía algunos de los lugares emblemáticos de la ciudad. En cambio, estoy bastante familiarizado con la mayoría de lugares fuera pistas. El canal de la Reina Victoria, el crematorio de Nigambodh Ghat y demás rarezas se acumulan entre mis recuerdos de la ciudad. Ayer me volví a pasear por el Mehrauli Archeological Park y fui a la mezquita de Jamali Kamali, famosa recientemente porque un grupo de fieles han reanudado la pregraria contra la opinión del Archeological Survey of India. De momento, el namaaz sigue y la mezquita tiene un poco más de movimiento que antaño. Esa es la parte buena. La mala es que las esterillas para el rezo se amontonan detrás de las columnas y varios recipientes de plástico para las abluciones afean el lugar. La grandiosa colmena que colgaba del arco principal ha sido parcialmente derribada, aunque todavía cuelga un buen paño que parece deshabitado. Lo mejor es que Tony se subió a lo alto de la cúpula para dejar su huella y la dejó bien visible para gozo de los que se adentran al jardín trasero del precioso edificio.















