Aquella mañana, la duna de Pushkar estaba tranquila, viviendo apaciblemente la lenta erosión del viento. En su cima una línea curva parecía anunciar la nada un paso más allá: el abismo. Sin embargo, al llegar al borde un salto descubría un mundo en perpendicular, una caída brusca sobre la fina arena, unos rebolcones y un volver a empezar. Diversiones de niño para algunos bastante adultos.

saltos al vacío

 

P.S. La duna no se quejó,  pero la dejaron hecha un trapo (léase queso gruyere).