Agosto 30, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Bollywood
Un poco anticuada, porque los hits de Bollywood pasan como un vendaval. Con todo, todavía nos levanta de la silla para bailar. Muchos recuerdos de 2006 adjuntos a estos ritmos. Por cierto, algo desfasado el vestuario y las coreos. El estilo de Bollywood ha cambiado una barbaridad, para mejor, en muy poco tiempo.
El director de la escuela Grammothan Publich School de Malpura, Tonk, Rajasthan, una aldea donde hay poco más que casas de barro y cortes de electricidad me ha ofrecido la posibilidad de alojar a profesores voluntarios que vengan al pueblo durante un periodo mínimo de 10 días y máxímo de un año. Si alguien está interesado en este tipo de voluntariado, contactad conmigo y os pondré en contacto con la escuela. El director sólo habla hindi y será más fácil para vosotros que yo medie. Los profesores sí que entienden inglés. Por si alguien se aventura por si sólo, aquí está el contacto (de correo convencional, claro).
HARI RAM GURJAR
GRAMOTHAN PUBLIC SCHOOL
MALPURA, TONK, RAJASTHAN
INDIA
MOB: +919001422477
Sin duda, es una experiencia dura. Vida real de Rajasthan, nada de medias tintas ni breves visitas. Vivir en una cabaña, dormir en una cama de madera más dura que una piedra y comer lentejas y verduras durante unos días, pero seguro que merece la pena, teniendo en cuenta el recibimiento de la gente cada vez que visitamos la precaria escuela del pueblo.
Nuestra llegada a una aldea remota de Rajasthan es un sueño. Allí donde vamos desde levantamos una ola de curiosidad. Hace unos días nos adentramos en aquellos objetos de documental donde el reloj se paró hace años o siglos. Son aldeas que viven seguras de que su vida es la vida, donde las posibilidades nunca llegaron a ser infinitas. De Delhi, Bombay y la India que brilla han visto poco, puesto que en algunas no llega la electricidad, aunque tal vez hayan oído hablar de los milagros que suceden en ciudades o pueblos cercanos que sin apenas medios de transporte son casi inaccesibles. Siempre igual: la visita paraliza la aldea a la par que nace un sentimiento de perplejidad ante un grupo de personas vestidas con extrañas prendas, que deambulan también algo perplejos ante la realidad que observan. Nos miramos, con ojos de incomprensión y aunque la lengua rompe el hielo, las palabras no son suficientes para explicar porque no nos entendemos. Sólo los ojos llenos de curiosidad logran quebrar, con suerte, la línea que nos divide, que no se sabe si es un hilo delgado de prudencia o el telón de acero de las desigualdades del mundo.
P.S. Para más señas, ahora sé que estos niños viven en la aldea del azafrán, dondo nunca lo hubo: Kesarpur.
Janmasthami commemora el aniversario del nacimiento de Krishna, el noveno avatar del dios Vishnu, que tuvo una vida bastante movidita. Conocido por su gran cantidad de amigas y su amor platónico por Radha, Krishna tuvo que huír al nacer y su vida está llena de episodios de lo más curiosos. Los creyentes ayunan el día antes del Krishna-Lila y rompen en celebraciones una vez llega su nacimiento. En muchas zonas, especialmente en Vrindavan y en Mathura, lugar de su nacimiento, se representa su vida (Rasa-Lila) en una especie de belén viviente navideño, pero con mucha más marcha.
Da la casualidad que este es el primer festival que viví en la India. Era a finales de agosto, en un monzón donde la lluvia brilló por su ausencia, y en cambio la humedad alcanzó cotas increibles. Vivía por aquel entonces en Mukherjee Nagar y en Hakikat Nagar, una barriada en el norte de Delhi, los vecinos organizaron el Rasa-Lila con las escenas de la vida de Krishna en tamaño bastante modesto. Recuerdo haber cruzado un río con cubitos que simulaba las aguas gélidas del Ganges en el Himalaya y a una niña preciosa con un sari fucsia que representaba a Radha, a quien dos años después le llevaría la foto impresa para descubrir que se había convertido en la atípica niña india obesa. Fue mi primer contacto con el hinduismo ferviente y popular. Al final del recorrido, los vecinos ofrecían frutas y coco a los asistentes entre el sonido estridente de la música religiosa.
Hoy vuelve a ser Janmashtami y tengo la esperanza de que en Haridwar la celebración rememore los buenos momentos de la primera mela en la India.
Misterio resuelto. El tráfico caótico de Delhi tiene cifras de accidentalidad. Si bien es cierto que para el caos que hay en la ciudad, parece haber pocos accidentes y menos heridos o muertos, resulta que cada día mueren en la ciudad una media de 7 personas en accidente de tráfico. Para hacernos una idea, en 2009 morirán smás de 2500 personas en las calles de Delhi, lo que supone más del total de decesos en España en el año 2008.
Me entristece ver que cada vez son menos las oportunidades de entretenimiento que tenemos los pasajeros habituales del autobús de Delhi. Años ha, era muy común que en los semáforos más largos o en los atascos más habituales, varios vendedores ambulantes se subieran a los vehículos abarrotados y vendieras sus mercancías con mayor o menos gracia a los pasajeros apretujados. Los productos más populares eran los mapas de Delhi y los bolígrafos que se podían incluso probar en un papelito. Con todo, se podía adquirir el periódico, un coco, frutos secos, agua y muchos otros productos para hacer más llevadero el viaje o simplemente la vida entera.
Recuerdo con mucho cariño dos escenas de esta teletienda ambulante que me dejaron asombrado. El primero fue una especie de pastilla de jabón que se ponía en agua y se convertía en una toalla. Comentando con algunas personas, parece que no es una gran invención india, sino que existe en otros lugares. Tampoco comprendí mucho la argumentación del vendedor, por mi pobre comprensión del hindi, pero me pareció que ponía mucha pasión en promover la adquisición de tal producto, particularmente útil bajo el calor sofocante de Delhi. El otro, mucho más impresionante era el miniexprimidor portátil de naranjas. Este invento era una especie de cuña que se clavaba en la parte del culo de la naranja a la que se le infrigían unos cuantos golpes para estrujarla con la cuña boca arriba. Cuando se giraba la fruta por el tubito salía el jugo de la naranja. El vendedor se echaba tanta maña que al abrir la naranja no había quedado apenas pulpa y tenía medio vaso de zumo de naranja que un pasajero asombrado se bebió con una evidente cara de satisfacción. Pero, como muchos de sus compañeros de profesión, ya sea en los autobuses de Delhi on la televisión de Estados Unidos, tenía una última sorpresa. Retaba a otro pasajero a hacer lo mismo con los limoncitos que se toman aquí. Evidentemente la cuña era demasiado grande y era imposible clavarla en la fruta. Entonces anunciaba triumfal que con la adquisición del exprimidor portátil de naranjas, nos regalaban el miniexprimidor portátil de limones que era una cuña minúscula que hacía exactamente la misma función. El pasaje estupefacto y casi hipnotizado compró sin rechistar el paquete promocional por un precio miserable de 20 o 30 rupias, creo recordar. Lo malo es que no fui suficientemente hábil como para adquirirlo para goce de mis futuras generaciones.
Pues bien, estos espectáculos que uno debe imaginarse sobre un autobús avanzando a toda velocidad por la ciudad, serpenteando obstáculos, o parado en un gran atasco, con miles de cláxones sonando a la vez, mientras la temperatura sube sin cesar y los goterones de sudor resbalan por la espalda, este espectáculo increible, se está perdiendo. Cada vez hay menos zonas donde uno pueda asistir a una buena función de un buen vendedor ambulante y sólo en la zona de Old Delhi entre Delhi Gate y Kashmiri Gate y en algunos autobuses que van hacia el este he vuelto a ver escenas similares. Tal vez haya autobuses más modernos, pero se están perdiendo las esencias, las tradiciones. Estas pequeñas obras de arte de la retórica también merecen protección como patrimonio histórico.
P.S. He vuelto a encontrar al hombre del exprimidor… el artilugio ya es mío!
Agosto 1, 2009 a 12:01 am
· Archivado en CP, Sikhismo
Intersección de Ashok Road con Baba Kharag Singh Marg · CP, Delhi · http://banglasahib.org
Amritsar queda lejos. A 7 horas en tren, aunque de lujo. En autobús más o menos lo mismo, con los tormentos habituales del viaje por carretera. Así que para introducirse en el sikhismo sin salir de Delhi siempre nos queda visitar la gurudwara de Chandni Chowk o la de CP. En esta última tenemos todos los ingredientes para recordar el Templo Dorado de Amritsar, menos el oro, claro! Incluido en el paquete va un lago con baños rituales (Sarovar) y los creyentes zambuyéndose entre piadosos y juguetones en las aguas limpias a ratos, aunque mohosas en las esquinas. La gurudwara tiene más de 200 años y es considerada por los sikhs de la ciudad como su templo de cabecera. Es uno de esos rincones con que nos regala a veces Delhi. Visita obligada.