Marzo 31, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Fast food
En todos los mercados…
De entrada, hay que constatar que el McDonalds no es el restaurante, si se le puede llamar tal, que peor huele de la India. Tal honor ha sido conquistado pro el Subway que hace revolver las tripas de todo el que pasa por su puerta… Y desmontando tópicos, el McDonalds es el único lugar donde el concepto de fast food cumple con su función, puesto que en la mayor parte de tales locales, te sirven casi igual de lento que en otro cualquier restaurante de categoría, así que uno solo termina por recurrir a ellso por lo económico de los precios… cuando son económicos.
Pero el verdadero prodigio de McDonalds es haberse adaptado con su tradicional menú de hamburguesa a un país donde ni la ternera ni el cerdo disfrutan de una gran popularidad, por no decir la carne en sí misma. Lo único que nos recuerda al consabido menú de nuestros países de origen es el McPollo y el McFilete de Pescado que mantienen la receta tradicional (digo receta, por decir algo). El resto de bocadillos son piruetas de originalidad para adaptar el concepto de hamburguesa a la realidad india: una de pollo picante, de patata, de verduras… El día en que te das cuenta que la hamburguesa de guisantes tiene apenas el mismo sabor que la de pollo, tu vida cambia para siempre. Puedes autoconvencerte de que comes sano, al fin y al cabo son solo verduras, mientras engulles la dosis necesaria de grasas saturadas.
Con todo, a muchos de nosotros, el McPollo nos cdevuelve de tanto en cuanto al mundo de la inocencia perdida, sin que tengamos que dejarnos 500 rupias por un plato de macarrones boloñesa.
24, Basant Lok · Vasant Vihar, Delhi · 01141669778
Sin duda un lugar con encanto que pica en el bolsillo. Seis niguiris 700 rupias, con eso lo digo todo. Para pasar un rato agradable en su terraza o sorprender a alguien que piense que en Delhi no se puede ir a lugares fashionetis está bien, pero con certeza hay cientos de otros locales que sirven aproximadamente lo mismo y no te atracan a mano armada con la cuenta.
Y que conste que al entrar me encantó la decoración y el ambiente… pero a veces unas velas rojas aquí y allí no lo justifican todo. Además, como nos encargamos de atestiguar, no siempre los muebles que parecen más bonitos son los más cómodos.
He salido de ver una película francesa y la puerta del multiplex ha dado lugar a unos pasillos impeclables, con gente bien vestida, tiendas cerrando ordenadamente y marcas que reconocerían mis compatriotas. La película trataba sobre los problemas de un instituto en Francia, al dejar la sala me he quedado pensativo sobre el tema y me he dejado llevar por la diversidad de señales que te llevaban hasta los baños. Al entrar, me he dado cuenta que no estaba en casa, sinó en la India. Los baños olían como los baños indios, aunque el mármol brillara…
Luego me he sentado en un restaurante turco y me he comido un shawarma como los del Raval, aunque más consciente de que no estaba en casa, sino en mi casa adoptiva. Con el menú me han dado una toallita como las que dan en los aviones, para quitarme el olor de las manos tras la cena. En la televisión pasaba ininterrumpidamente un anuncia de Turkish Airlines, mientras sonaban los útlimos hits de Turquía y la mulitutd pasaba relajada ante el cristal. Los jardines del centro comercial estaban preciosos por la noche y me he comido el shawarma a una velocidad considerable. Al abrir la toallita, un olor a línea aerea me ha invadido, el suave limón del perfume me ha recordado las veces que he usado ese pequeño utensilio tras las parcas comidas de uno u otro de mis trayectos aéreos, y al final de tanta elucubración me han entrado unas ganas locas de volar. En lugar de irme al aeropuerto, sin embargo, he cogido un autorickshaw (conocido por algunos como el Indian helicopter) y me he vuelto a casa. Ha sido una tarde de sensaciones y reminiscencias extrañas.
La última película de Deepa Mehta fue estrenada ayer en los cines de Delhi. A muchos les sonará al menos Agua, la tercera parte de la trilogía que se completa con Tierra y Fuego. Mehta ha pasado a ser una aclamada directora en Occidente, mientras que en la India es algo controvertida. No se puede decir que Videshi fuera un éxito de público, considerando que en la sessión de las ocho la sala estaba medio vacía y los asistentes rieron en más de una ocasión ante escenas que me parecían bastante escalofriantes. De nuevo, una directora india, como ya han hecho Mira Nair y diversas escritoras, se adentra en el mundo del conflicto entre Oriente y Occidente encaranado en un personaje femenino. La joven Chand, Preity Zinta, fenomenal en el papel de joven recién casada, se traslada a Toronto tras su matrimonio. El marido, Rocky, de una família sikh que no parece que haya hecho mucha fortuna en América pronto empieza a ensañarse con ella debido a sus propias frustraciones. No se puede decir que la familia sea una aliada de Chand, pues en varias ocasiones le ponen la zancadilla y provocan la ira del marido sobre ella. La joven intentará buscar varias formas de mejorar la situación con un recurso a la magia que me parece un poco fuera de lugar, y con no muy buen resultado a medio plazo. Y hasta aquí puedo leer…
La película ha sido criticada por parecerse demasiado a Provoked, una película donde Ashwariya Ray representaba el papel de mujer maltratada. Por mi parte, no puedo confirmarlo, pero si que pienso que la arbitrariedad del uso del blanco y negro y el color en el rodaje no tiene demasiado sentido. Asimismo, las notas de fantasía fueron difícilmente comprensibles, puesto que la película es casi íntegramente en hindi y, en Delhi, sin subtítulos. Me gustaría volverla a ver tranquilamente para dar una segunda opinión. De momento, un fiasco.
De todos modos, hay que verla con energía. Cuando todo queda en casa y los problemas se arreglan dentro de la comunidad, hay que ser muy fuerte para poder escapar.
KH 840/1 Guitorni · MG Road, Delhi · 9312444086 · www.sushiyaindia.com
Food stall at SelectCity Walk Mall, Saket
Mi primera experiencia con el sushi en Delhi no fue insatisfactoria, porque el sushi me gusta demasiado como para ponerse tiquismiquis cuando por fin lo encuentras y cuesta un precio razonable. De hecho, lo peor no era que no hubiera bebida con qué tomar el sushi, sino que estuviera hiper refrigerado… Pero al fin y al cabo era sushi que sabía a sushi.
No he estado en el restaurante propiamente dicho, así que de momento juzgo por el pack de sushi por 400 rupias.
Marzo 28, 2009 a 12:01 am
· Archivado en CP, Misterios
Una alemana o danesa o británica intenta cruzar la calle en la esquina de Janpath con Tolstoy Marg. El semáforo está en rojo, de manera que exceptuando algún coche temerario, el paso está bastante libre. La mujer va acompañada de un indio que aprovecha el intervalo y decididamente cruza la calle mientras que ella, temerosa, dubitativa, se va topando contra todos los coches temerarios, produciendo un espectáculo de lo más cómico para los viandantes y cientos de otros indios que no tenían nada mejor que hacer en ese momento.
Los misteristerios son varios:
¿Cómo sobreviviría esta mujer fuera de CP, donde por lo menos hay semáforos? ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Inspirará un nuevo capítulo de Just for Laughs? ¿Qué pasó por la cabeza de los indios espectadores?
Esta mañana me he entretenido en la sección meteorológica del Hindustan Times. De repente, me ha sorprendido que en muchas capitales asiáticas como Seúl, Tokyo o Pekín no se superaran los 10 grados de máxima. Luego me he fijado en Europa, Nueva York, Chicago y tampoco… A continuación, he observado atentamente el mapa de la India donde no hay ya casi ningún lugar donde la temperatura máxima no alcance los 32-35 grados y me he dado cuenta que estoy viviendo en verano… y lo que nos queda.
En la Delhi Fashion Week un par de personas me dijeron que era igualito que Daniel Vettori. ¿Quién? El capitán de la selección de Nueva Zelanda de crícket… ¿Opiniones?
Seguramente cuando pensamos en cine indio es inevitable que irrumpa brutalmente la imagen de Bollywood. También es cierto que el cine indio que llega a Europa es totalmente distinto, con un discurso muy reivindicativo y crítico con la situación de la mujer, las conflictos interreligiosos, la pobreza, etc. Alguien puede pensar que estás películas no tienen ninguna repercusión en la India. De hecho, seguro que no tienen tanto éxito como la última de Shah Ruk Khan. Con todo, hay un público para este cine. Firaaq es un claro ejemplo. Una novel directora que nos sorprende con una primera propuesta sobre las matanzas de musulmanes en Gujarat en 2002, aunque lejos de la imagen denuncia violenta, desnuda, opta por un diálogo con el miedo. El miedo a desvelar la identidad que lo va impregnando todo en una historia que se desarrolla en 24 horas y que tiene unas cotas de tensión elevadísimas, sin necesidad de mostrar demasiada sangre.
No desvelo más, pero si hay ocasión de verla, en la India o en España, no hay que dejarla escapar. No dejará indiferente a nadie.
Empecemos porque la terraza es demasiado pequeña, pero tiene unos enormes ventanales desde donde se ve la oscuridad de la noche. De alguno modo eso le da una bocanada de aire. Muy decente para tomar una copa a unos precios no demasiado caros. Desde luego, junto con su gemelo, el Shark, son los mejores bares de la zona, aunque tampoco lo catalogaríamos como un hay que ir. Simplemente, si hay que ir se va.
Marzo 25, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Café, Dulces
Casi en cualquier lugar de la ciudad… donde hay un mercado hay un Barista (excepciones destacables son SN, Nehru Place…)
La vida no tendría sentido sin el Barista. Sólo hay una cosa de mi vida en Barcelona que no he podido dejar en Delhi: el placer de irme a desayunar y leer el diario. Aquí no tiene ningún sentido porque el periódico cuesta una rupia, y el desayuno casi 150, mientras que en Barcelona por 2 euros desayunas y por 1 te compras el diario. Sin embargo, hay algo de ritual matutino, de purificación, de autoconvencimiento de que mi vida es la que quiero en el pequeño hecho de desayunar en un bar leyendo la prensa.
En Delhi el número de cafeterías aumenta sin parar. El problema es que casi siempre son franquicias de las mismas marcas. Barista es, en mi opinión, la que tiene una mejor calidad-precio y una mejor atmósfera, aunque depende de los locales (también influye que abre a las 9 y que tiene comida desde que abre, a diferencia del CCD). En NFC a veces ponen jazz por las mañanas lo qe lo convierte en un lugar excelente para empezar el día relajadamente. Los días que ponen la selección de Venga Boys, Cristina Aguilera, Gery Halliwell y demás… pues te da un telele entre sorbo y sorbo del capuccino. En NFC me conocen tanto que a veces aunque diga que quiero un bocadillo distinto al que pido siempre, me traen mi favorito, el smoked chicken sandwich. Tampoco es que haya mucha variedad entre los non-veg, así que uno come lo que puede de hecho.
Los Barista Creme son la clase superior. Aquí te hacen los bocadillos y más cosas al momento. El desayuno en estos locales consiste en huevos fritos con tostadas y mantequilla y un croissant con un capuccino, todo en un pack, así que hay que combinarlos con los No-Creme para que no te dé un subidón de colesterol. Lo bueno es que también ofrecen ensaladas, pasta y bocadillos con vistas a comidas ligeras y meriendas-cenas. Así que también son uno de mis lugares favoritos, aunque esto me designe como una persona con poco gusto. Fuera de la India, probablemente iría a cualquier lugar antes que a un Barista, pero si en 2006 el del N Block de CP era mi salvación antes de meterme en los intrincados pasillos del National Archive of India, los de NFC y South Ex me salvan las mañanas durante los últimos meses.
P.S. Algunos vicios de Barista son su cold coffee con brownie dentro y el lemon chicken sandwitch.
Me recordaba a un club de jazz en Taipei y le di licencia. Tampoco hay que recomendar su cierre a las autoridades, pero nada especial. Aunque descubrí que sirven hookahs, justo al lado de donde te cocinan la comida! Lo cierto es que esas hookahs son más baratas que las de otros locales de la zona, pero con menos gracia.
Sólo, y ahí hay que darles un punto, destaca el menú escrito en una reproducción de discos de vinilo de distintos colores cogidos con unas anillas. Sirven pizzas, bocadillos, sizzlers y biryanis. Un poco de todo… Demasiado de nada.
P.S. Después de darle una segunda oportunidad, y de haber visto lo que hay por el mundo, tengo que decir que es un amibente mucho menos pretencioso que la mayoría de sitios del mercado, así que hay momentos en que apetece… además la decoración de las mesas que tienen montones de pequeñas cosillas bajo unos cristales no está nada mal. Finalmente, en positivo, el sabor de todo lo que hacen es muy indio, cuando indio quiere decir el sabor de la cantina donde como habitualmente en la universidad y está hecho a mano delante tuyo, nada de sorpresas. Del sabzivalla a tu mesa!
Aunque la música house era estruendosa y el lugar algo vacío a primeras horas de una noche de sábado, RPM me causó muy buena impresión nada más entrar. Un lugar oscuro, pero con unas luces indirectas con gracia, un espacio relajado con sofás abajo y otro con mesas, y lo que se supone sería una pista de baile en el centro. La barra iluminada con gusto, situada en el centro. La música, en efecto, giró hacia algo más comercial a medida que se llenaba el local, para terminar siendo un verdadero caldero de música de Bollywood con la juventud desenfrenada al baile de los últimos éxitos. No he recibido muy buenas críticas del local, a parte de mi buena opinión, pero no dejaría de visitarlo si se quiere ver una cara más desenfadada de la capital.
Lo peor me pareció el precio de las bebidas, que empiezan con 250 rupias y la pronto que se cierran las sesiones, a la 1, cuando todavía se tienen ganas de mover el esqueleto un ratito más.
En Delhi el invierno dio un par de coletazos y la primavera entro con un portazo. Me fui a Benarés y a la vuelta el calor del mediodía era casi insoportable. No es que lo fuera realmente, sino que me pareció que no había experimentado transición alguna. De golpe la hierba era más verde y la gente compró flores que puso en los jardines, en sus balcones, en las azoteas, en las escaleras… y olían, con ese olor impropio de la ciudad. El cielo volvió a ser azul, la niebla desapareció de nuestras vidas y, súbitamente, la chaqueta se convirtió en aquella prenda que cuelga todo el día de la bandolera donde cargo mis libros. Delhi en primavera es definitivamente femenina.
Esta por ver si conseguiré ver mi primer pase de modelos profesional en Delhi, India, donde ya vi mi primera actuación de flamenco y mi primer elefante por la calle. Ayer fui invitado a un desfile que, extrañamente, empezó a la hora anunciada. Yo me quedé atascado en un atasco, cosa nada extraña, y llegué junto con el diseñador y el estilista que me habían invitado nada más y nada menos que una hora tarde. Así que ver ver, no vimos nada más que a mucha gente guapa que ya se iba. ¡Una auténtica pena! Pero el que no se conforma es porque no quiere, al menos estuve en el Hotel Intercontinental Nehru Place y vi que en estos saroas la comida no es precisamente algo importante, porque total, las modelos la vomitarían… Alcohol, en cambio, si que había, para los VIP.
Hoy me han vuelto a invitar, así que intentaré no llegar tarde.
Marzo 19, 2009 a 8:01 am
· Archivado en CP, Shopping
H-42, Outer Circus · CP, Delhi · 01123321077
En Delhi hay muchos de esos lugares donde uno no entraría por lo decrépito del lugar. El Shri Gandhi Ashram Khadi Gramodyog Bhandar además no tiene un nombre muy comercial. Pero lo cierto es que tenían un incienso buenísimo a precio fjio, en CP mismo. También venden telas de khadi y otras cosillas que uno quiere llevarse de la India
En Delhi hay un cementerio parsi. Hasta aquí la mayoría de lectores no deberían extrañarse. Los parsis, como todo hombre o mujer que se precie, nacen, se reproducen y mueren (o algo así). Lo extraño es que esta minoría religiosa es famosa por sus Torres del Silencio de Mumbai, un complejo muy exclusivo, cerrado a cal y canto, donde los cuerpos de los parsis difuntos son expuestos a los elementos y básicamente a la tarea carroñera de los buitres y otras aves. Seguramente este grupo, muy rico e influyente en Mumbai es más conocido por este excepcional ritual que por cualquier otra de sus características, entre las que se encuentra dominar el holding de empresas TATA. Pero el reciente descubrimiento agita los fundamentos de este mito comunitario. En Delhi, se entierran. ¿Hay alguna explicación para este cambio de ritual funerario?
P.S. Para investigadores intrépidos, el lugar se encuentra detrás de Khan Market entre el Hotel Taj Mahal y el mercado, justo al lado del cementerio católico. La entrada parece siempre cerrada.
Empieza mal la historia de estos cines, porque la película programada según Hindustan Times no era la misma que había en su cartelera, así que hice el viaje en balde. Pero si bien no puedo comentar sobre el comfort de sus salas de exhibición, tengo que recomendar enérgicamente la terraza al aire libre frente al food court. 3C’s ofrece la posibilidad de comer en sus diversos restaurantes ya sea en la zona interior o en un tranquilo patio alrededor de una fuente, ideal para la noche, aunque un poco oscuro. La oferta culinaria no es que sea la más deliciosa de Delhi, aunque el Sagar Ratna tiene una sucursal allí. Los otros son un Chopsticks Xpress, un McDonalds, un panadería europea y un lugar de comida india norteña que es el que tiene los mejores precios. Fuera del Food court un puesto de helados italianos, Gelato Vittorio, no está del todo mal.
En el callejón interior de Khan Market siempre hay una estimable cantidad de gente amontonada ante una barra. Esta pizzería que sirve porciones grandes a precios bastante grandes tiene una buena clientela. La verdad es que cuando pica el gusanillo, una buena porción de pizza con pepperoni o con salchicha o de verduras apetece. En cualquier caso no es que sea un manjar de dioses, simplemente una forma de entretener el estómago a un precio moderado, que en Khan Market ya es suficiente. Pido disculpas por ponerlo en la categoría de Delicias italianas, porque la pizza americana no tiene nada que ver con la que se come en las buenas pizzerías de Roma. Maf karna!
Paulo, el director de la Fundaçao Oriente, dijo algunas cosas muy ciertas. Una de ellas fue que si le pides a una persona que te nombre por orden de preferencia 10 ciudades del mundo, puedes conocer mucho sobre qué tipo de persona es y sobre su bagaje vital. Voy a intentar hacerla, considerando este post como algo a revisar permanentemente.
1. Barcelona, porque la quiero y la odio, porque no puedo vivir sin ella, pero con ella tampoco. Porque es el único lugar donde me siento con derecho a usar la palabra casa, porque siempre será imperfecta a mis ojos y perfecta a los ojos de los que la miran.
2. Taipei porque es convinient, porque tiene la mejor comida del mundo, porque he aprendido muchas cosas, porque no la entiendo, aún cuando me habla en inglés, porque hay algo críptico en la plaza tras el Teatro Rojo. Porque no es de ningún lugar, simplemente es global. Por los hot springs, el mar, la montaña y lo gris de su arquitectura.
3. Delhi porque aquí he sido feliz. No sé por cuanto tiempo lo fui, porque en esta ciudad lo peor de ti aflora en medio de un mar en calma, pero fui y soy feliz. Porque es como vivir en la Roma de Asia, por sus tumbas mogoles, lodhi, tuglukh, etc. Por su ser y no ser, por liderar un país tan complejo, por luchar con Mumbai, con Calcutta, con Bangalore, con Chennai por ser algo más… Por no dejarme en el anonimato a pesar de vivir con 15 millones de gente.
4. Lisboa por los pasteis de Belem. Suficente motivo, ¿no? Por la vida atlántica pseudomediterránea, la tranquilidad, la melancolía. Por el portugués, por el fado, por los recuerdos de unas vacaciones muy especiales.
5. París por lo que significa para la cultura europea y si me apuras mundial.
6. Tokyo porque aún me alucina haber estado allí. Porque es la vanguardia, porque te anula, porque es adictiva, porque es el lado materialista de la vida, porque tengo buenos amigos y debe ser difícil tener enemigos.
7. Londres porque sí.
8. Casablanca por mi primera experiencia fuera de Europa, por la playa, por la vida marroquí domesticada, por el mito cinematográfico, por Jazirat Leila, por llevar la contraria.
9. Bruselas porque me siento europeo y, en el fondo, es nuestra capital. Porque Bruselas vive la crisis identitaria de toda Europa, tal vez la misma que vive Cataluña, la misma de muchos otros lugares del mundo. Tal vez porque espero que me entienda o porque recuerdo como llegué aquí en mi primer viaje en solitario por el continente europeo, 17 años.
10. Estambul porque nunca he estado pero se me imagina fascinante.
Community Center (cerca de Al Bake) · New Friends Colony, Delhi · www.yumyumdimsum.com Otros puestos en GK1, M Block, DLF IV y DLF II.
La ilusión de llevar unos guotie dentro de una cajita como hacía en las calles de Taipei han podido con la evidencia de que estos dimsum estaban sacados de una bolsa de plástico, o sea precocinados o incluso congelados. Me he ido con mi chicken kothey hacia mi casa, balanceando la bolsa con ilusión… dentro no había ni salsa de soja ni palillos de bambú, pero la simple forma de la caja me valía para conectarme con Asia Oriental. De golpe, los he probado y se ha desvanecido la ilusión. Sonaban las mezquitas alrededor de Jamia, con ese tono profundo del almuédano que llama a la oración. Los minaretes repetían que Allah es grande, esta vez algo descompasados, y yo intentaba terminarme unos momos sin el toque de tostado que da el paso por la sartén en los kothey o los guotie, con una ingente cantidad de gengibre y algo de chiles verdes y el apenas definible sabor de la salsa de ostras. No digo que no vuelva a probar alguna otra especialidad, pero ahora mismo necesito que pasen unos días para autoengañarme de que vale la pena.
He vuelto a la chic lit para recuperar mis hábitos lectores en inglés. La verdad es que uno se da cuenta cuan ready made son este tipo de novelas. La soltera en lugar de vivir en Londres vivía en Delhi. Unas pocas pujas, festividades hindúes y saris remataban una vida que podría haber pasado en casicualquier ciudad del mundo… Amigas histéricas, amigos gays, fiestas pijas, cuatro anécdotas graciosas y un príncipe azul que aparece en una de las primeras anécdotas donde la protagonista queda retratada como una idiota y termina por pedirle matrimonio. Lo siento si le he estropeado el final a alguien, pero acaso no era lo que todos estábamos esperando.
Un lugar al que no había ido todavía y que me gustó bastante, a pesar de las incensantes luces verdes y rojas que te moteaban la cara toda la noche. La entrada era razonable, el gentío civilizado, la música, la típica de estos locales, mezcla de house suave, dance comercial y éxitos de Bollywood… No había muchos extranjeros, o al menos eso me pareció ver, porque había poca luz… Si se puede criticar algo es lo caro de las bebidas, pero teniendo en cuenta el precio de la entrada, se comprende que hagan negocio con otras cosas.
Un restaurante chino, que parece un restaurante chino. Con su pecera a la entrada, con sus camareras con vestido rojo tradicional, con sus palillos de bambú. El menú no varia muchísimo sobre lo que se puede encontrar en los mejor y lo peor de los restaurantes chinos de la ciudad, pero hay que reconocer que los sabores tenían una suavidad impropia de la India. Honey chicken con un punto dulce, pescadito en salsa de ajitos y cilantro… Deliciosamente presentado, servido como en una boda, en unas mesas que parecían de castillo medieval.
Ni el hilo musical, con los grandes éxitos instrumentales de Hollywood, ni la distancia entre comensales, se llevan un elogio, pero la verdad es que el lugar era precioso, el precio era razonable, la comida estaba buenísima, el servicio era atento, sin ser pesado y la clientela era una variopinta muestra de buenas maneras.
Nunca podré olvidar aquel año en que mi piel se tiñó de azul durante una semana. Fue en 2006 y Natalia y Olga me acompañaron en mi primer festival de Holi. Pasamos por mil trifulcas, desde los juegos de niñas hasta los huevazos por la calle, desde una pelea en un autobús hasta una cena tranquila en familia… Creo que Holi siempre estará fuertemente vinculado a esa foto en que los tres aparecemos sonrientes con nuestras pieles azules y fucsias, con la casa de Outram Lines, con 2006.
Holi es un festival que no se sabe muy bien porqué se celebra. O sea, sí que se sabe, pero la dimensión religiosa queda bastante oculta en un puro divertimento que se extiende por todo el norte de la India. Según he oído, en el sur no es muy popular. El motivo es que Krishna mató a un demonio o algo así. Básicamente se lanzan polvos de colores o agua con color a las personas que se cruzan en nuestro camino para desearles feliz Holi, siendo la violencia de estos ataques variables, dependiendo de la edad y de la relación con la víctima (no es lo mismo tu padre que un transeúnte), y también del grado de alcohol o bhang que hayas tomado (a pesar de que el día de Holi fue declarado “dry day” en Delhi). Es alucinante ver como toda una ciudad de 15 millones de habitantes se vacía, apenas hay coches, ni autobuses, ni viandantes… nadie… Sólo barricadas de policía por las avenidas principales y militares sentados en esquinas de barrios donde ha habido quejas en años anteriores. Esa es Delhi en Holi. Las fiestas pasan en cada localidad, en cada barrio, en JNU… No me quiero imagina como debe ser en las callejuelas de Old Delhi, pero en el resto es como un festival en una ciudad fantasma. Y si esta es la cara oscura del Holi, la otra, la luminosa, es cruzarte con gente de todas las edades teñidas de colores, ver a hombrs con bigote y a mujeres menopáusicas comprando colores, no para sus hijos, sino para ellos. Observar como una abuelita persigue a sus nietos con una manguera o un cubo de agua, coger un autorickshaw bombardeado de colores… eso es lo mejor de Holi. Darse cuenta que el mundo, como lo conocemos, es un poco gris. La gente parece feliz en Holi, la mayoría sonríe abiertamente y la agresión de los colores se toma como una muestra de buen rollo, incluso por parte de desconocidos.
Pero lo más sublime es el día después. Cuando el mundo vuelve a funcionar con normalidad, las calles estan abarrotadas de personas y vehículos, abren las tiendas y las cafetrías y los restaurantes, pero los rastros del fucsia, el verde y el amarillo no han desaparecido de nuestra piel, parece aún más absurdo haber sido partícipe del día anterior.
Aquí van unas muestras de que ni la edad, ni el género, ni la condición sexual, ni el credo son un impedimento para disfrutarlo al 100%.
1st floor, Community Center · New Friends Colony, Delhi · +911142602020 · www.theyumyumtree.in
Un amigo, tal vez el mismo que me había comentado lo de que Panjim era una pequeña Delhi, me quitó la idea de entrar a este restaurante en uno de los callejones del community center. La verdad es que menos mal que siempre acabo cayendo en la tentación, porque el lugar es encantador. Como todo restaurante indio de clase media-alta, el trato es excelente y la decoración y ambiente está muy cuidado. No se puede evitar que se vaya la luz de tanto en caunto o que en medio de una música lounge muy agradable se les cuele un hit brasileño de los ochenta, pero por el resto el lugar era comfortable, con un diseño atractivo y moderno. Por el aspecto podría haber estado en cualquier capital del mundo.
Uno de esos momentos awkward que te pasan a veces es cuando te preguntan si quieres ir al salon de comida oriental o china. ¿Cuál es la diferencia? me he preguntado. En la oriental hay comida del sudeste asiático y Japón, en la china, de China. Pero a nadie se le ha pasado por la cabeza que China también podría partipar del amplio concepto Oriente, claro. Pasado este percance, te sientas para descubrir que la carta es extensa y los precios son unos a los que te has desacostumbrado. Cenar aquí no es barato, más bien para bolsillos bien surtidos de rupias. Si convertimos no sale a casi nada, he cenado por 8 euros, pero uno se olvida de estas conversiones y se echa las manos a la cabeza cuando los platos principales cuestan de 500 rupias para arriba. De todos modos, a diferencia de otros orientales, los platos tenían unos sabores bastante auténticos, con ingredientes poco comunes en la comida india (carne de pato, setas shitake de Japón, tofu…). Para mi un “hay que ir”, mejor si hoy nos sobra presupuesto.
P.S. Me ha recordado vagamente a Dozo en Taipei, para los que tengáis la referencia.
Siempre me había preguntado cual era el extraño motivo que hacía que los autobuses siempre echaran el humo encima de los pasajeros del autorickshaw. Muchos autobuses tienen una especie de escape en la parte delantera que está a la altura de los asientos de estos taxis con corazón de ciclomotor, así que en plena temporada estival al calor propio de Delhi se suma el fétido aire de los motores lleno de carboncillo y otros gases tóxicos. Hoy he visto la luz y el misterio está a punto de dejar de serlo. La respuesta es obvia. El conductor del autorickshaw sufre como nosotros los abusos de estos tubos de escape mal puestos, pero al tener él el control, puede apañarselas para hacer avanzar minimamente el vehículo, hasta que él sale del radio de acción de los humos. Y ahí es cuando los humos alcanzan a los pasajeros, que evidentemente se sientan inmediatamente detrás del conductor.He visto la luz.
La cena en Pangim se convirtió en algo así como un acto social inesperado. En el previo, conocimos a unas chicas argentina y francesa que hablaban español y vivían en Islamabad. Conocer a alguien que se aventura a vivir en Pakistán, ya sea para trabajar con refugiados como la francesa o para enseñar español como la argentina, me parece una suerte que sólo puede sucederte viajando por la India. La naturalidad con que las chicas hablaban de los peligros y trifulcas de la vida en Pakistán y su insistencia en animarnos a visitar el país me asombraron, más cuando afirmaron que la India estaba más desarrollada…
Después apareció en la terraza del Panjim Inn, de entre la oscuridad de la calle sin electricidad desde hacía una hora, el corresponsal de La Vanguardia con una belleza kannada, Sonal. Y se unió a nosotros el director de la Fundaçao Oriente en Goa, un organismo encargado de velar por los estudios del mundo lusófono que tiene una de sus sedes en la India. El personaje, llamado Paulo, era un personaje. Hacía tiempo que no conocía a alguien con unas opiniones tan controvertidas que lanzara afirmación tácitas con la violencia de una ballesta contra diestro y siniestro. Primero sufrió Delhi, una ciudad que por ser mía merece todo tipo de comentarios Qormi parte, pero cuya crítica despierta en mi una feroz reacción pseudonacionalista. A menudo uno se encuentra con gente que suelta opiniones de Delhi con una facilidad pasmosa y que no han vivido en la gran urbe nunca jamás. En efecto, Paulo nunca había vivido allí, aunque reconozco que sobre algunos asuntos tenía bastante razón y, por ello, callé y escuché. Nunca se sabe de quien se pueden aprender nuevas aproximaciones a tu realidad. Según él Delhi era una ciudad única, sin centro, donde uno podía conducir kilómetros sin ver una casa. De hecho, el policentrismo es algo muy característico de Delhi, aunque creo que el metro va a terminar por imponer CP como la yema del huevo. Luego se metió con los británicos, con la literatura inglesa, con el servicio del restaurante, con la calidad del vino, con la falta de ganas de trabajar de los goanos, con la monarquía británica, con el Dr. Salazar, con Arundhati Roy y probablemente con algunas cosas más que ahora no recuerdo. Todo ello con una saña, que si no fuera por su amplio conocimiento de muchos temas, hubiera provocado el odio extremo de los contertulios. De hecho, cada vez que alguien matizaba una de sus opiniones, lejos de ponerse a la defensiva, corregía su postura con una elegancia seductora. Paulo me recordó en una versión más agria al profesor Miquel Maria Gibert de la UPF, para los que tengan el referente. La complicidad establecida con Sonal edulcoró un poco las tensas conversaciones intelectuales o pseudointelectuales de la mesa.
La noche terminó en un bar de moda de Panjim sorbiendo un gin tonic, demasiado tarde para ser contado en una ciudad totalmente adormecida.
P.S. El restaurante Viva Panjim en Fontainhas es totalmente recomendable.
Alguien me comentó que Pangim debía ser una pequeña Delhi en Goa, lo que me desanimó bastante a visitar la ciudad en la pequeña escapada a la antigua colonia portuguesa. A pesr de que mi Lonely Planet dijera que la capital del estado era una muestera exquisita de la mezcla indoportuguesa y que tenía un encanto parecido a Lisboa, uno ya no tiene la misma confianza en el libro después de haber comprado y viajado con 4 de sus ejemplares por países tan diversos como Portugal, Marruecos, Japón y Taiwán y darse cuenta del cúmulo de despropósitos que aloja (por supuesto, obviando el cúmulo de aciertos, que algunos habrá).
Lo cierto es que ni Pangim ser parece a Lisboa, ni a una ciudad portuguesa de provincias, ni es una pequeña Delhi en Goa. Los barrios antiguos de Pangim tienen el encanto de Fort Kochi, con sus casitas coloniales modeladas no se sabe como, los colores vivos de las fachadas y los recovecos que actúan de locales. Los hoteles de Fontainhas y Sao Tomé se encuentran en antiguas casas con patios interiores, habitaciones oscuras y muebles vetustos, restaurados o no con gusto según el precio de la habitación. En el Panjim Inn, donde me alojé, lo habían hecho bastante bien y te lo hacían pagar con creces, tras ser catalogado por el gurú de las guías como el hotel con más encanto de la ciudad. Lo cierto es que valía la pena la experiencia.
Pangim es pues un largo paseo entre callejas sin apenas tráfico, sin bocinazos, sin peligros inminentes de morir atropellado, es la dulzura de los edificios de planta y piso, el silencio del atardecer y unos obrigados que parecen relegados en Goa, pero que existen, sin duda, en Pangim, mucho más de lo que creía. Hablaban portugués en muchas tiendas de alcohol, no sé si por casualidad o por alguna razón histórica. Con todo la vida capitalina no tiene nada de portuguesa, a no ser esas mujeres con falda y blusa o vestido y esos hombres en pequeñas tascas bebiendo feni. Es difícil encontrar la huella portuguesa en Goa, y con todo se siente con una intensidad extraña.
Me voy de Pangim con el deseo de volver a pasearme por sus calles, como un día dejé Fort Kochi.
Entre las muchas celebraciones que existen en nuestro país, léase la India, hoy celebramos el cumpleaños del Profeta o mejor dicho el aniversario de su nacimiento. El profeta es evidentemente Muhammad o Mahoma. He hecho alguna investigación para saber qué se hacía en esta fecha, puesto que los preparativos de Holi lo estan eclipsando totalmente.
Como tampoco he tenido mucho tiempo, ahí va un poco de Wikipedia
Tras un pequeño palmeral, apenas una docena de árboles, Anthy o alguien de su familia ha construido una terraza con techumbre de palma que esconde un pequeño jardín y unas pocas habitaciones acondicionadas para el plácido descanso de unos cuantos europeos cuarentones, con todo el buen rollo que entraña la palabra. Si la guía decía que Colva y Benaulim eran un refugio de turistas indios y europeos de clase media, no se equivocaba ni media palabra. Nuestro chiringuito parece un recodo para lunas de miel de bodas de plata de alemanes, franceses y demás que han traído al marido y a la mujer, pero prefieren abrazarse a su última novela. El frente marítimo es una civilizada bibliopiscina bajo el sol del trópico.
Los usuarios de las tumbonas bajo parasoles de paja no tienen nada que envidiar a ningún turista de la Costa del Sol. El humilde resort ofrece todo lo necesario para que uno no tenga que moverse más de 20 metros en sus apacibles vacaciones. Así que muchos de ellos simplemente se tuestan al sol leyendo o se tuestan a la sombra leyendo… porque te pongas donde te pongas el sol se ceba con las pieles lechosas, con o sin el pringue solar filtro 30, 40 o ultra.
Con el empuje de Sonya y Gonçal se montó en cuatro días un seminario monográfico sobre la revolución cubana que, a mi modesto entender, fue un gran éxito para las capacidades organizativas de nuestro centro, tanto por las ponencias como por la asistencia. Un motivo de sentirse orgulloso de estar en Jamia!
Hay algo que me enerva de coger un auto fuera de Delhi, el hecho inevitable de que uno no puede luchar con la razón de conocer donde va y cuanto cuesta. En Goa los conductores te sablean de una manera indecente, a pesar de que los precios estan fijados con unos baremos parecidos a los de Delhi, aunque algo más caros. Gonçal consiguió calmar mi ira, pero sigo sin entender como pasamos por el aro.
A estas alturas todo el mundo debe conocer Slumdog Millionaire. Lo que seguramente no se imaginan es que en la India los premios a la película han sido uno de los temas más polémicos de los últimos meses. El debate sobre la indianidad de la película, de factura inglesa, ha ido y venido por los programas de televisión, las páginas de los diarios y las conversaciones de café. Pero, una vez ganado el Óscar, los Óscars, se ha despertado una fiebre Slumdoguera que no tiene parangón con nada que yo haya visto. Jai ho, la canción que cierra el film, compuesta por A.R. Rahman que es uno de los mejores de Bollywood, se postula como el saludo nacional, ya lo he oído varias veces. Y me parece una bobada… De hecho, si por mi fuera, Jai Ho no estaría en la lista de hits de Bollywood de esta página, pues no me impactó lo suficiente como para querer recordarla, pero los tiempos mandan.
P.S. Aprovecho para decir, que como suele ocurrir, una película con demasiados elogios vista un poco tarde te acaba decepcionando. Me parece que SM tiene la virtud de mezclar bien géneros mucho mejor tratados en Cidade de Deus o Ali Zaoua, incluso me parece que roba la estética del slum de la primera. Pero si para que guste al públilco hay que poner una historia de amor pastelosa, humor fácil, una trama de acción interesante, unos malos muy malos y unos malos menos malos, pues se puede decir que han conseguido un producto bastante completito. Porque ha ganado el Óscar, pues contesto D – Estaba escrito.
P.S. Particularmente desafortunada me parece la inclusión de “Baila Baila y su akunamatata message” en las letras de Jai ho. Un pastelazo…
Marzo 6, 2009 a 10:02 am
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Siendo Portugal un país conocido por el fado, la tristeza y melancolía de sus gentes, me sorprende que sus excolonias sean los paraisos del buenrollismo desde Palolem a Salvador de Bahía, pasando por Cabo Verde y Moçambique. Nunca he estado en Brasil, pero me imagino que la mezcla de fisonomías que se da en Goa, con algunos tintes europeos en cuerpos básicamente locales, el afan por cuidarse, la simpatía y tranquilidad de la gente, las faldas y blusas estampadas y las pequeñas iglesias bajo cocoteros, es una repoducción asiática de lo que ocurre en el gigange americano. De hecho, escaparse de Delhi a Goa es huir del bullicio, la polución y el trasiego a un paraiso de hamacas bajo palmeras, de cabañas-resort frente a un mar que se mece incesante y una oferta de comida local con lo esencial de la dieta continental: leasé cerveza a tutiplen. ¿Qué hicieron los portugueses en Goa para convertirla en otro Brasil? Este es un tema digno de estudio que todavía no ha sido abordado por la academia en lugar alguno.
Local tipo pub inglés con sus éxitos de todos los tiempos que no pegan ni con cola y una larga carta de cervezas que en realidad esconde la parquedad de su oferta. Pedí tres diferentes y o no estaban disponibles o se les habían terminado, la cerveza de barril no funcionaba y ya no tenían botellas de pinta. O sea, un desastre. Mucho mejor dejarse caer por el bar de al lado, The Beach, que ya referencié hace bastante tiempo.
Mis amigos indios insisten en decir que las butacas de este cine no son cómodas. A mi me parecen las mejores de la ciudad. El cine tinee una disposición excepcional para ver la pantalla desde cualquier altura. El sonido es bueno, la imagen nunca se corta y las películas empiezan a tiempo, con un acceso muy bueno. En la planta baja hay varios restaurantes, que no catalogaríamos de lo mejor de la ciudad, pero que sirven para matar el gusanillo (McDonalds, Ruby Tuesdays, Sbarro, Subway, un lugar de shawarmas y otro de noodles, una sucursal mala del Mocha de DefCol…). Como siempre, las normas de seguridad son extremadamentes restrictivas respecto a entrar objetos a la sala, por tanto hay que estar preparado para ir al cine. En Satyam la oferta es muy variada y casi a cualquier hora del día habrá dos o tres películas a punto de empezar, tanto en hindi como en inglés. De momento, mi cine favorito de la ciudad.
Perdóname señor porque he pecado. Mi pecado fue decir que en Delhi uno no podía encontrar lo mismo que en Barcelona. Lo que pasa es que no me apetece moverme hasta Vasant Vihar, donde parece que pasan muchas cosas. Ayer mismo me mostraron este lugar, un local sin mucho más interés que la música en directo. Un par de bandas de rock amenizaban la noche con un equipo y una música bastante aceptable. En algunas canciones una chica pequeña de estatura, pero con una gran presencia, se ponía a bailar una mezcla de danza del vientre y contemporánea improvisada en el espacio entre los músicos y el público. La gente estaba de verdad interesada en la música y me pareció que debían ser asiduos al local. Me alegra haberme equivocado en esto, aunque haya que venir hasta los Priya para encontrarlo.
N17, Market · Greater Kailash I, Delhi · +911129230575
Una panadería pastelería donde uno puede tomar un café (cuando funciona la máquina). Una extraña experiencia de melting pot. El lugar parece un café de carretera americano de los años 70, los que te sirven trabajadores de un buffet de un hotel de 5 estrellas, los productos algo así como lo que se ofrece en las panaderías de Tokyo y la música, la típica de un bar de adolescentes de hace 10 años (Venga Boys y cosas similares). Los pasteles y el hot dog que prové estaban buenísimos y el precio era razonable, para estar donde estaba. La clientela se notaba que era selecta. Es una idea para dejarse caer una tarde en que uno quiere algo dulce y no se le pasa por la cabeza llevarse un libro.