tres en el río

Quería escribir ya sobre como ha llegado el calor a Delhi, pero no puedo dejar de rememorar en breve el viaje de fin de semana que me ha sacado de la capital, por primera vez desde que aterricé. La historia de como conseguí los billetes ya ha sido contada. Llegar a la estación fue mucho más fácil y además la lectora de BHU se vino conmigo. El viaje, largo de por sí, lo hice en un vagón de tercera con aire, que es lo mismo que uan sleeper pero 3 veces más caro. El resultado es que los usuarios son algo más refinados, la compañía te ofrece sábanas y mantas y las ventanas tienen cristales adecuados para aislar a los compartimentos del frío, el calor, el polvo y demás agentes externos. Tuve que pedir a los civilizados compañeros de vagón que se callaran a la 1 de la noche, después de comprovar que su promesa de pasarse la noche hablando era cierta y que la luz fluorescente me cegaba incluso con los párpados cerrados. Se callaron y me dormí. El tren llegó a Benarés con unas 3 horas de retraso. Nada especial.

orilla

En la ciudad, después de esperar otro tanto conocí a la lectora de Mumbai con quien pasaría el fin de semana. La ciudad de Benarés estaba algo más sucia de lo que la recordaba. Los guiris eran más pordioseros, más dettached, estaban más drogados, tenían pints más colgadas por momentos… hasta el punto que fui a un concierto de sitar, en el que me dejé caer por unos minutos antes de descubrir que el sitar me aburre, para descubrir que era el único blanquito que iba CON TEJANOS! A destacar que no había apenas indios entre la audiencia y sí una marabunta de occidentales envueltos en andrajos y mantas escuchando medio idos las notas vacilantes de un sitar. Los ghats de noche no daban miedo porque iba con gente, aunque en el Manikarnika, el de las incineraciones me topé con unos  borrachos drogados que resultaron ser los franceses con quien estaba viviendo en casa de Cristina. Vaya, digamos que montarse una fiesta delante de un montón de cuerpos en combustión es algo gore, para que después vengan a decirte que Benarés te cambia. Lo que hace es que pierdas el sentido común.

bajando al ghat

Esa noche, vimos el aarti delante del Ganges. Como todas estas cosas, una vez visto, ya te lo sabes y es difícil mantener el aura de sorpresa del que visita la ciudad por primera vez. Las barcas surcaban el río buscando la mejor posición para robar cuantas más instantaneas mejor. Lo cierto es que este espectáculo, originalmente algo puramente sacro sin valor coomercial alguno, se está volviendo cada vez elaborado. Las luces, los vestidos, el magnífico mundo de negocios que envuelven a Benarés y en especial a esta puja, incluye los vestidos de los brahmanes que ahora son bonitas camisas de tela brillante y naranja. Ese día noté cierta falta de harmonía entre los integrantes de la puja, tampoco hay que culparlos, soplaba el viento y la presión del público se sentía a flor de piel.

aarti

Al día siguiente no conseguí sacar a la comitiva de la casa hasta el anochecer. Alguien puede pensar que es una pérdida de tiempo tumbarse en unos cojines y no pegar ni sello. Lo cierto es que la casa de Cristina invitaba a relajarse y los dem´s se relajaron. Por un día me dejé llevar por la holgazanería, pero reconozco que a media tarde ya me estaba poniendo frenético. Salimos sin luz y nos metimos en una tienda donde estuvieron debatiendo sobre el sexo de los ángeles durante dos horas. A la salida ya cerraban todo y nos fuimos a cenar entre la multitud drogada de peregrinos que venían a celebrar Shivaratri y que se convirtieron en un peligro acechante a la salida de la cena, en un lugar con pizzas de horno del bueno, aunque con demasiados mosquitos. Como digo la multitud daba tanto miedo a la salida que tuvimos que irnos pitando de los ghats. Cristina incluso fue levemente agredida por un chalado colocado. Y para estar a tono, nos tomamos un bhang lassi, yo medio, y nos reímos en un local mugriento que podría sere una tasca manchega si le quitamos la horrenda luz de los fluorescentes.

 seguridad?

Al día siguiente me tuve que ir solo, porque los efectos secundarios aparecieron y mis compañeros de viaje dejaron de responder a la lógica de los acontecimientos. La ciudad estaba sucia, el río bajo, la resaca de la noche de colocón había dejado a algunos peregrinos tirados por las escaleras interminables que deban al río. Los demás, lo que no se habían drogado, merodeaban bajo un sol de justicia. Era frebrero pero en algún  momento me sentí en pleno verano. Los lugares que había conocido, donde nos encontramos a Florence, donde charlamos y reímos con otros amigos, otras conversaciones recordadas ahora bajo la música del iPod y el silencio del que viaja solo.  Cuando revisito los lugares me gusta abandonarme por unas horas a la melancolía, a recorrer en silencio calles donde viví momentos agradables, no creo nada nuevo, solo rememoro, pero me gusta, me transmite sentido, significado. Me transmite dulzura.

perfil perfecto

Esa tarde me escapé también solo hasta el tren con algunas prendas propias de extranjero dettached en Varanasi. me las pondré cuando sea verano, siempre atento a que su uso no conlleve irremediablemente la conversión en un ser del que quiero escapar en la medida de lo posible. Espero pasar por la India, dejando que me atraviese, pero no que me arrolle. Hablan las reservas de mi sentido común.

frente al ganges