Archivos para Enero, 2009
Enero 31, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Minucias
Es jueves y me escapo a una fiesta de españoles expatriados en Greater Kailash I, bloque R. Me advierten que la casa está algo destartalada, pero que luego me va a sorprender por dentro. En efecto, es la última casa en un callejón que la oscuridad de la noche hivernal de Delhi hace parecer algo tétrico. Cuando entro a la casa, me encuentro con un grupo bastante numeroso de gente sentado en una especie de tenderete hecho de cañas alrededor de una tortilla de patatas. Andaluces sin fronteras o un programa parecido está rodando en Delhi y allí esta parte o la totalidad del equipo. También algun artista, algun desconectado de la realidad y alguien que, tal vez, no debería estar allí.
Yo he llegado de rebote, amigo de una amiga de la organizadora. Tampoco tengo mucho que decir, pero lo cierto es que está bien conocer a gente tan diversa. La fiesta pasa entre risas y anécdotas y cervezas y mojitos. Al final, una pretendida bailarina contemporánea india y otra chica, se ponen a jugar al tenis con un indio que parece francamente bebido, usando las sillas como red, mientras los demás nos vamos para dentro a terminar la conversación.
Un indio, presidente de la Asociación de Traductores (existe tal cosa?) demuestra que sus capacidades para traducir al español son escasa, mientras en el apogeo de su borrachera cuenta historias impropias de “maricones” en España y otras partes del mundo y se olvida de la gran lección de Dirty Dancing “Este es mi espacio, este es tu espacio”. Al final vuelvo a recordar que cada vez que salgo con Silvia vuelvo a casa con demasiadas anécdotas.

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Enero 30, 2009 a 5:14 pm
· Archivado en I love my India, Maharani Bagh, Peripecias
Que me quería cambiar de casa era un secreto a voces. Si Bhagwan Nagar apuntaba a posh colony fue antes de descubrir que el tren pasaba a unos pocos metros de mi casa y que la bocina se dejaba oír a horas intempestivas de la noche. Era antes de descubrir que lo que el propietario entendía por estar casi terminada, era para mi vivir en medio de un edificio en ruinas (sin barandillas, sin escaleras, sin ventiladores, sin agua caliente…). Cansado de vivir entre las obras y el estruendo regular del tren decidí dar un paso atrás y buscar un nuevo lugar, o tal vez volver a la guest house.
Entre los muchos malentendidos que se producen en un día corriente en la India, el de la guest house me ha causado alguna que otra molestia extraordinaria.. Me debían dar la habitación el lunes pasado, pero a viernes todavía no estoy allí, así que presionado por las circunstancias, he abandonado mi exhogar para irme a casa de un amigo en South Extension part II, una zona un poco más posh. Pero para no dejar de divertirme con la búsqueda de casa, me paso algunas horas buscan una habitación para los meses que me quedan, para tener cierta intimidad y libertad de movimientos, que en la Nehru Guest House no tendré.
Así que ni corto ni perezoso, después de clase hoy me he ido a ver algunos hogares potenciales. El primero, elegido por una alumna bondadosa, estaba a pocos metros de la orilla del Yamuna, el río petrolífero que cruza Delhi. La casa, claro está, en construcción, estaba envuelta en una nube de mosquitos debido a la proximidad de las aguas putrefactas del río. La casa, bien barata, tenía muchos mosquitos, tantos que hasta la dueña nos ha pedido que entraramos corriendo para no permitir a los intrépidos insectos la conquista del territorio. Ni todo el All Out, líquido antimosquitos, del mundo dejaría esas casas libres de picadas.
Luego me he dejado llevar por property dealers de aquí para allá. Una casa pegada a una mezquita (literalmente pegada). Después de comentar que uno de mis problemas era el ruido y de que el cabecilla de los property dealers me repitiera que quería un noise-free place, me ha llevado a Ashram, a un cuchitril indecente y a una especie de… no tengo palabras de habitación. Todo ello guiado por un hombrecillo que no hablaba ni una palabra de inglés, que me ha confundido con un kashmiri y que llevaba tres móviles con los que podía mantener conversaciones paralelas. Un prodigio vaya… Para terminar llevandome a una casa justo enfrente de las vías del tren, el mismo que me hizo dejar la casa de Bhagwan Nagar. Desde luego, para que digan que el tiempo no es circular.
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Enero 24, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Defence Colony, Misterios
Hay absurdidades que a veces crean enormes inconvenientes a un usuario regular de la red de autobuses de Delhi que está bajo un baniano, convertido en parada del autobús, esperando el vehículo que le lleve a su casa en la transitada Maharani Bagh. En Defence Colony, tras mucho rato de observar los autobuses me di cuenta que, casi todos, eran de los nuevos, de los que tienen aire acondicionado, cosa que explica en primera instancia porque no gritan las paradas: porque si abren las puertas, el aire acondicionado no tiene sentido. Pero los privados, medio desvallestados, tampoco gritan las paradas, cosa que obliga a leer en la oscuridad la lista de lugares a los que se dirige en hindi. Me fue imposible identificarlos y tuve que ir andando hasta la Ring Road, donde pasa el Mudrika, famoso autobús por dar la vuelta a la carretera de circumvalación y por gritar insistentemente sus paradas, como si no supieramos todos por donde pasa y no pasa.
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Enero 23, 2009 a 12:01 am
· Archivado en I love my India, Minucias
La India es incredible porque te pueden pasar mil cosas que siempre van más allá de tus expectativas. Después de comer en una dhaba de Nizzamudin, nos dirigimos a un restaurante más mono a tomar un postre y el camarero apunta a una mesa donde se sienta el indio más gay que hay en la faz de la tierra. El tipo está comiendo con la mano su biryani de una forma bastante asquerosa, mientras sujeta con la izquierda un naan enorme. Nada más sentarnos se disculpa por comer con las manos y comenta que lo está haciendo para hacer como los locales. Lo cierto es que los musulmanes de Delhi no comen demasiado a menudo el arroz con las manos, en Bihar sí, en Delhi no.
Entonces Silvia apuntó que si quería comer como los locales, no debería sostener con la izquierda el pan, porque la izquierda era una mano impura y ante el asombro del indio más gay de la faz de la tierra con el acento más británico que la Reina Isabel II, le contó que con la izquierda se limpian el culo…
El resto de la conversación siguió a este nivel de surrealismo. Resulta que el chico nació en la India, era más gay que nadie en la faz de la tierra, pero eso lo supo después de que sus padres se mudaran a Irlanda, no Inglaterra. Por eso el acento… Ahora había decidido venirse a vivir aquí, para siempre, o al menos indefinidamente. Me recordó la historia de una amiga medio japonesa medio española (aunque ella es muy hetero), que está haciendo sus pinitos por Tokyo. Y allí estuvimos los dos españolitos hablándole de nuestras experiencias porque ambos teníamos más experiencia india que él (aunque no hablábamos ese hindi con acento británico que él hablaba). Y terminamos intercambiando números y deseando lo mejor para los días venideros.
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Enero 21, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Decepciones, Minucias, Old Delhi
En un arranque de provocación el otro día me adentré en Old Delhi con un alumno. Ashgar me había dicho que allí había varios sitios que servían ternera, así que fui en busca de la irreverencia, a saber como sabía la ternera india. En un puesto callejero, unos pedazos de carne oscura esperaban al consumidor que los comprara. El vendedor anunció que costaban solo 5 rupias el plato y mi cándida mente pensó “vaya, si que quieren ser irreverentes estos musulmanes que además de vender ternera, la venden por cuatro duros (al mismo precio que un té callejero). Acababa de comer algo dulce, así que no me atrevía a probarla, para no quitarme el azucar del paladar, pero finalmente el tendero me ofreció sólo un pedazo, para probarla. Nada más entrar en la boca, noté que aquello no era ternera al uso, sino algo distinto y que el sabor, me iba a repugnar enseguida. En efecto, una salsa oscura cubría la realidad de mi carne de ternera, corazón de búfalo disfrazado. Escupí el pedazo de víscera, pero ni todo el agua del mundo me quitaron aquel saber repugante del fondo del paladar hasta llegar a casa.
Recomendación: no coman de la calle y, sobretodo, no acepten ternera de los desconocidos.
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Enero 19, 2009 a 4:16 pm
· Archivado en Café, Decepciones, Dulces, Misterios
Estan por todas partes, son como setas en otoño, los CCD, ahora sin hookah, nacen, crecen, se reproducen, pero nunca mueren. Aunque te sirvan tras horas de espera, aunque el camarero no venga nunca a traerte el menú, aunque en la cuenta siempre haya algo que no has pedido, a pesar de que el café es el peor de las cadenas de cafeterías indias, los postres los menos apetitosos y los sofás no son de lo más cómodo que hay, CCD todavía tiene algo que atrae a la gente; porque gente, siempre hay.
Serán las tazas costumizadas que venden, será porque nunca tienen nada para comer hasta las 10 o las 11 y eso te ahorra unas calorías en el desayuno o porque al final vienes a matar el tiempo y te da igual que el camarero no venga en una hora. Será porque la selección musical es entrañable, con un pupurri de los éxitos de los ochenta y noventa que pone los pelos de punta: I swear de los Boyzone, Whitney Houston, lo más sobado de Enrique Iglesias, The Corrs… Será porque en invierno hace más calor que en un horno tandoori y en verano hace más calor que en un horno tandoori a pleno sol en mayo en el medio de India Gate,
No hay motivos aparentes. Pero al final uno acaba, de un modo u otro, entrando en un CCD algún día.
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Enero 19, 2009 a 12:01 am
· Archivado en *Delhicias, Defence Colony, Tamil
18, Defence Colony Market · Defence Colony, Delhi · www.sagarratna.co.in
Malviya Nagar · CP · Lajpat Nagar · Secotr 18, Noida…
Uno se viene hasta Defence Colony donde hay un poco de todo el mundo y ese día justamente le apetece comida india. Pues Sagar se anuncia con un inmenso Pure Vegetarian y básicamente sirven comida del sur de la India. Tiene otros locales en el mercado con comida china y norteña, a los que todavía no he acudido, pero el uttapam y la dosa estan ricos, vienen acompañados de sambar y chutney de coco a tutiplen y aunque sale algo caro, en comparación con otros restaurantes del sur sobre los que he escrito, creo que el precio está acorde con la zona.
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Enero 18, 2009 a 7:20 am
· Archivado en I love my India, Minucias
En una semana se celebra el Día de la República y ya se ven los efectos de la obsesión por la seguridad del Gobierno indio. Cuando he cogido el autobús hacia la parada de metro de Indraprashta no me imaginaba que las medidas incluirían cortar la Ring Road, la principal vía de circumvalación de Delhi, obligandonos a cruzar el río Yamuna y a rodear de una forma irracional buena parte de la ciudad. Así que por los caprichos del destino me veo sentado en la ISBT, tomando un café del McDonalds, en lugar de en algún restaurante de CP trabajando un poco.
No digo que la obsesión por la seguridad no esté justificada en un país que viene sufriendo atentados bastante vistosos desde hace algunos meses. Pero, cuando uno entra a la estación de metro de Kashmiri Gate y se encuentra con una ametralladora apuntándole tras una montaña de sacos de arena, manejada por un soldado entrañablemente escondido tras los sacos, que llena su boca de aire, pone morritos y lo suelta ruidosamente como si fueran peditos, lo cierto es que el espectador no se siente ciertamente más protegido.
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Enero 18, 2009 a 5:11 am
· Archivado en Minucias
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Enero 18, 2009 a 12:01 am
· Archivado en *Delhicias, Café, Defence Colony, Dulces, Italiana
83, Defence Colony Market · Defence Colony, Delhi
Música estilo new age, chill out, cafés originales y postres europeos, cocina italiana y dos mesas privilegiadas frente a un ventanal enorme sobre el parque de Defence Colony. Caro, francamente caro, par lo que uno paga por un café y un pastelito en Delhi, pero aseguro que el tiramisú se parece (que no iguala) a uno hecho en España (que no en Italia). El café con esencia de almendras es agradable y si al final lo que hacemos es pulular por la ciudad sin rumbo fijo, es un buen lugar para estar solo leyendo, tomando algo, comiendo…
También alquilan el local para fiestas y ofrecen sus muros para exposiciones de arte o fotografía y sus mesas para lecturas de poesía o charlas de temática varia. Sorprendente para estar en Delhi, aunque la decoración queda un poco pobre para lo que sería este tipo de local alternativo en otras partes del mundo.
Me ha sorprendido gratamente.
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Enero 17, 2009 a 12:24 pm
· Archivado en Minucias, Old Delhi
No me gustaría que el estudiante en cuestión leyera esta reseña de la tarde-noche de ayer y pensara que no lo pasé en grande. De hecho, la suerte de trabajar en la universidad es que tienes la oportunidad de codearte con un abanico bastante amplio de gente. Evidentemente, no hay pobres de remate, pero sí gente muy humilde.
El estudiante me invitó hace una semana medio en broma medio en serio, pero le tomé la palabra., pues la experiencia pintaba interesante. Cena con biryani en Old Delhi de verdad, nada de turisteo. Así que después de intentar coger un autobús, que es como él vuelve a casa desde las clases, y no conseguirlo, me ofrecí a pagar un auto que nos llevó después de un buen rato hasta Turkman Gate. La puerta sudoeste de Old Delhi no es de las más concurridas por los turistas, a pesar de que queda bastante cerca de la estación de trenes de New Delhi. Immediatamente, como quien no quiere la cosa, nos zambullimos en la muchedumbre, las calles estrechas y vibrantes que podrían estar en Asia Central o en Oriente Medio. Tiendas y tienduchas y vendedores ambulantes, colas de mendigos ante las dhabas esperando la limosna de algún benévolo musulmán de clase media, mujeres cubiertas de pies a cabeza, con tules negros sobre los ojos, niños traviesos, rickshaws maniobrando con dificultad a toda velocidad entre los viandantes, kilómetros de cables anudades en cada poste de la luz, del teléfono… torcemos una esquina y en el fondo de un callejón, sin apenas puerta empiezan unas escaleras que llevan a un segundo piso.
Tras la puerta, la casa, llamada así con benevolencia. Algo así imaginaba yo que sería una cela de una cárcel india. La pared de cemento sin rebozar tenía a penas una ventanita, que yo recuerde. El cuarto, menor que el comedor de mi casa alquilada, estaba ocupado por seis colchones de un dedo de grosor que se extendían en el suelo cubriendolo casi todo y marcando el espacio de cada uno de los inquilinos de la habitación. En el centro una mesa con un ordenador y el equipaje de los habitantes. Ni armarios, ni cajones, ni nada que se le parezca. Todo iluminado con la ténue luz de un fluorescente, como no. Sin cocina, sin baño para los seis. Uno se compartía con los otros inquilinos de las otras dos o tres habitaciones de la planta. Todo por la módica cantidad de 1000 rupias. Él llevaba allí tres años, estudiando, algunos de los otros tenían un trabajo.
Me invitó a un café de la tienda de abajo y a un pastel que francamente estaba bastante bueno, una especie de crema con coco por el medio. Estuvimos hablando largo y tendido, ante la mirada curiosa de un estudiante de clases particulares sentado en el tercer colchón empezando por la izquierda. Mi alumno tenía el sexto, en una esquina del cuarto frente a la pared y al ordenador. No sé si sería un privilegio por la antigüedad o un castigo. No me atreví a preguntarselo. Terminado el café, salimos a la calle. No hay sorpresas en Old Delhi, uno se espera lo que va a encontrar, pero nunca deja de fascinarme la estética de los antiguos havelis medio derruidos, los balcones en diagonal, la decadencia y decrepitud de la mayoría de lugares, los pequeños consultorios de medicina india, la normalidad con que los habitantes de Old Delhi viven el vivir en una ciudad que tiene un sur, que es otra ciudad. Tomamos un biryani de pollo en un lugar donde los platos olían excepcionalmente bien. Por la calle, me ofreció un kheer (arroz con leche y frutos secos, más espeso que el que comemos en España) frente a la silueta oscurecida de la Jama Masjid en plena noche. El mercado en vías de cerrar, todavía con algunas luces encendidas y alguna cabra nerviosa huyendo del abnegado propietario. Tras tirar la vasija del kheer al suelo, nos dirijimos hasta la parada del autobús donde cogí el 403, sentado en la esquina de atrás, sintiendo cada bache de la carretera hasta Ashram, pensando que hay muchas vidas posibles en esta ciudad.
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Enero 16, 2009 a 8:34 am
· Archivado en *Delhicias, Mughlai, Nizzamudin
268A Hazrat Nizzamuddin · Nizzamuddin West, Delhi · 9891278628
A pesar de mi empeño por ir siempre a la misma dhaba del dargar de Nizzamudín, tengo que reconocer que por una vez esta recomendación de una española, fue muy acertada. Este restaurante en el camino principal que lleva a la tumba del santón musulmán servía un poco de lo mismo que las dhabas en un ambiente algo más relajado y agradable. El kheer, arroz con leche y frutos secos, fue un buen descubrimiento, aunque Sílvia insiste en que el otro postre de la casa es mejor. Hay un balconcito con dos mesas para dos, por si a alguien le apetece ver al gentío que se dirige al darga y a la mezquita de enfrente, aunque a priori parece difícil conseguir sitio.
Las recomendaciones de Sílvia, una asídua del local, son los rollitos de cordero en sus diversas variantes, aunque en la carta hay un poco de todo para satisfacer el apetito de los amantes de lo mughlai. Las raciones son abundantes y los platos tienen un nivel de picante muy aceptable. El butter chicken está para chuparse los dedos.
Para seguir investigando.
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Enero 16, 2009 a 7:21 am
· Archivado en *Delhicias, Dulces, Kashmiri, Minucias
Dicen que en las montañas de Kargil y en el Cáucaso nacen unos albaricoques cuyas semillas contienen una especie de almendras. Los kashmiris los secan y los guardan para el invierno cuando el dulce del albaricoque se complementa con la energía de la pseudoalmendra escondida en su hueso. Lo crean o no lo crean, anteayer tuve la oportunidad de probar una de estas delicias de la frutería seca. Y me gustó, me gustó mucho. Sólo me pregunto si en realidad lo que sucedió es que alguien sacó el hueso y metió una almendra antes de poner la fruta a secar, o es simplemente otra demostración de esta Incredible India
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Enero 14, 2009 a 12:01 am
· Archivado en China, Noida (UP), Thai
Savoy Suites, Sector 16 · Noida, UP · 1204274420 / 1204208720
Ocho patas, ocho cocinas de Oriente. Indonesia, Malasia, Vietnam, Birmania, China, Tailandia, India y Corea en un restaurante. Lo cierto es que la mayoría de la carta incluye cocina india y china, aunque la variedad thai no está mal. De las demás no hay que esperar más que un par de platos, que, con todo, estan preparados con bastante esmero y proximidad a los gustos originales. ¡Por fin una sopa de wanton que no es una sopa de pollo con momos flotando! Que nadie espere un restaurante donde el chilli te sale por los oídos, porque el picante de este pulpo es siempre agradable. La variedad de platos que tuve la ocasión de probar me inclinan a decir que cualquier opción es buena en este restaurante.
Pero lo que me hace darle una nota altísima allocal en Noida, una ciudad en la que nunca había estado antes, es el ambiente. Las paredes estan decoradas con una madera violeta ondulante y la música de fondo es un jazz delicioso que acompaña a la perfección a una cena tranquila, algo lujosa para lo que se lleva en Delhi y alrededores. El servicio se lleva un aprobado, la comida un notable, pero lo mejor, sin duda, el ambiente.
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Enero 13, 2009 a 12:01 am
· Archivado en *Delhicias, CP, Café, Dulces
L-8, Outer Circus · CP, Delhi · 01142470759 / 9899002013
Posiblemente Costa Coffee es la opción más cara para tomarse un capuccino de todas las cadenas de cafeterías que hay en Delhi. Con o sin razón, me parece que el café tiene buen sabor y que los postres son suaves y agradables. El servicio es lento, cierto, y no parece muy amable cuando uno se inclina por sólo una bebida. Tal vez lo consideren barriobajero. En el altillo uno se puede estar horas, mirando como pasan coches, autobuses y autorickshaws por el círculo exterior de CP, pero alejado del ruido de la calle.
A cualquiera que se decida por este local (no hay muchos en la ciudad de esta cadena), hay que advertirle que el capuccino pequeño es demasiado grande para cualquier concepto de capuccino en Europa, tal vez no para Estados Unidos.
Lo mejor, con todo, son las fotografías de Italia que ocupan las paredes y, especialmente, la de una chica girada en un callejón de, digamos, Nápoles, que si no supiera que nos venden café italiano (seguro que la cadena es americana), diría que es Barcelona.
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Enero 12, 2009 a 12:01 am
· Archivado en Maharani Bagh, Minucias
En Maharani Bagh hay un paso elevado que cruza Ring Road. Con el tráfico creciente, parece que los pasos elevados y subterráneos son la única forma para asegurar la supervivencia de los pobres viandantes que tienen que cruzar las mayores arterias de la ciudad. El Ayuntamiento debió de preveer que habría mucha afluencia de paso en el paso elevado de Maharani Bagh, de manera que instaló unas escaleras mecánicas peculiares. La peculiaridad de las escaleras mecánicas es que sólo dan a un lado, si quieres ir subir por el otro tienes que usar las escaleras normales y para bajar, evidentemnte no hay escalera mecánica. Pero, el más difícil todavía… la escalera mecánica tiene una inclinació de digamos 45º y la escalera al uso tiene una inclinació de 30º de manera que es mucho más larga que la otra. Eso hace que al descender los extremadamente pequeños peldaños de la escalera escalera llegués a una distancia considerable del punto de partida, mientras que la escalera mecánica te deja ahí mismo.
El primer día que vi a unos chiquillos bajar a toda prisa por la escalera mecánica, evidentemente en contradirección, pensé que era gracioso que unos críos usaran así el artilugio (que loando al gobierno local hay que decir que siempre funciona). Cual fue mi sorpresa al darme cuenta de que los adultos también tomaban el atajo para no tener que deshacer el camino si elegían la escalera convencional… y cual fue vuestra sorpresa al saber que en un par de ocasiones he bajado a toda prisa por la escalera mecánica para, con suerte ahorrarme veinte segundos de camino hacia mi casa.
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Enero 11, 2009 a 1:56 pm
· Archivado en I love my India, Maharani Bagh, Minucias
Ayer de vuelta a casa de mi arduo día de traducción en Barista presencié un atropello sin escándalo. Parece increible que en una ciudad donde el ruido reina por doquier, algo tan dramático pueda pasar con esta calma.
Una chica novata intentaba girar a la izquierda en una calle cualquiera cerca de Maharani Bagh. Ningún animal a la vista, ningún obstáculo imprevisto… simplemente la curva, con su curvatura. Pero la chica no consiguió girar lo suficiente el volante, provocando que un giro de 90º se convirtiera en uno de 140º aproximadamente, arrolando al vendedor de frutos secos y a su carrito y estrunjando entre medio de los cacahuetes y el parachoques a un pobre viandante que se escabulló como pudo para salir cogeando hacia un lado de la calle. La escena habría podido ser dramática, pues en la esquina un viejecito con su silla de ruedas esperaba caridad de los vecinos. Pero el anciano se salvó de milagro del atropello.
Hasta aquí, relato algo peculiar, pero universal de lo que podría ser el típico atropello de novata a viandante, con algo exótico por medio: el anciano en silla de ruedas pidiendo, el carrito de cacahuetes tostados, etc etc etc. Pero lo mejor es que después de todo, el único que alzó la voz y con razón para quejarse de lo ocurrido fue el bebé que iba sentado sobre su padre, sin cinturón, en el asiento delantero. Los vecinos se bolcarón a ver qué pasaba, la conductora salió silenciosa, el fruitvalla salió del amasijo de chatarra y el montón de cacahuetes por suelo, lo puso en pie y recogió la mercancía. El chico directamente atropellado se mantuvo a un lado en silencio. Nadie gritó, nadie recriminó nada y no sé si hicieron parte amistoso…
Preferí no seguir mirando.
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Enero 10, 2009 a 1:44 pm
· Archivado en Minucias, Misterios, South Extension
Cuando uno está en la India, hay muchos actos que parecen carentes de significado o que si nos dejamos llevar por los pocos conocimientos que tenemos pueden reforzar tópicos en vez de romperlos. Tal vez quede más claro si cuento lo que he presenciado hoy. Tal vez… los hechos en lugar de darmela, me quiten la razón.
Al bajar del autobús en South Extension II arrinconada en una esquina del paso subterráneo una mujer apergaminada sostenía una lata donde había recortado un monigote. En el fondo de la lata, quemaba un poco de aceite de mostaza y el monigote llevaba un collar de flores naranjas. La anciana en cuclillas miraba a los agitados viandantes en medio del trajín del mercado y balanceaba la mano como si pidiera caridad. De pie, a su lado, una mujer hacía círculos alrededor de la cabeza de un bebé antes de dar la moneda a la anciana. Esta al ver que alguien le ofrecía la buscada caridad, puso la mano entre la mujer y la lata, provocando la ira de la madre que llevaba a su bebé en brazos. Esta recriminó a la pedigüeña, quien immediatamente apartó la mano, permitiendo a la joven poner su rupia dentro del bote con la figura recortada.
Interpretación:
1. La mujer joven está apegada a la sociedad de casta. Si le quiere dar caridad a una anciana, pero no se digna a tocarla debe ser por causa de alguna discriminación de casta o algo así. Seguro que es la típica brahman que va de buena por la vida y luego margina a los intocables…
2. Hoy es sábado, el dia de Shani, dios del tiempo. Los pedigüeños sacan este día las latas con el monigote que representa a dios porque se considera que poner una moneda dentro del aceite de mostaza quemando aleja la mala fortuna del donante. Por ello, la mujer joven quiere poner ella misma la moneda dentro del aceite, para cumplir esta superstición o creencia. Tal vez piensa que si le da el dinero a la anciana, el dios no cumplirá su tarea de proteger al bebé. Al final, la anciana sólo tendrá que sacar las monedas del aceite y limpiarlas para tener su caridad del sábado, pero parar la otra hay un abismo de creencias entre medio.
No digo que la 2 deje a la mujer joven como una santa, sólo que a veces es muy fácil juzgar con pocos conocimientos sobre la realidad de otras culturas. Estoy seguro que el 90% hubiera pensado 1 a botepronto.
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Enero 10, 2009 a 4:17 am
· Archivado en CP, Minucias
El otro día me di cuenta que, aquí, las marcas también hacen rebajas. Así que cogí el bus y luego el metro y me planté en CP a hacer un poco de window shopping. Lo más fascinante es que en la tienda de Levi’s el hit que sonaba era una sevillana, una que dice: Es la primera, mirala cara a cara que es la primera…
INCREDIBLE INDIA!
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Enero 10, 2009 a 4:11 am
· Archivado en Decepciones, Minucias, Noticias
Llegar a Delhi en pleno invierno, vovler a Delhi de hecho, es una bofetada gélida en los tuétanos. No es que el invierno sea particularmente frío en comparación con otros lugares del mundo, sino que el aspecto desolado de las calles cubiertas por la niebla y la gente envuelta en mantas, algunas harapientas, alrededor de fuegos improvisados con cuatro cartones o caminando por la calle, no dibujan un panorama demasiado prometedor. Estoy seguro que un buen dibujante podría hacer un cuadro lleno de agria melancolía en estas escenas callejeras donde la bruma, envuelta en polvo, destiñe los colores de la ciudad y los convierte en unos mediocres sepia mezclados con la escala de grises.
Mi casa, al entrar, estaba cubierta por un dedo de polvo y esta neblina que cubría la ciudad había entrado a las habitaciones traseras. Me quité las gafas creyendo que estaban sucias, pero lo cierto es que allí había una especie de nubes inapreciables que llenaban el ambiente de polvo, humedad y frío. Y luego, el tren. Mi casa, nunca lo había notado, está demasiado cerca del tren, así que el silbato de los comboyes que salen de Nizzamudin retruena constantemente. A veces, uno tiene la sensación de que el tren está pasando por el comedor. Hay que meditar si me quiero quedar aquí, porque me da que no voy a pegar ojo.
Así la vuelta a Delhi, por un lado tan esperada, se resiente del contraste con Taiwán que sin ser mi hogar, presenta ciertos parecidos con la vida que llevaba en Barcelona. Delhi, sin embargo, quiere sorprenderme. Todavía quedan minucias y delhicias por descubrir. ¡Le doy unos meses de licencia!
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